ALGO SOBRE LA VIDA DE AGUSTÍN LARA.
Relato de Augusto Silva Acevedo
Sociológicamente, América Latina ha sufrido el olvido y la inadvertencia de tantos creadores, hacedores de cultura propia para los pueblos americanos.
Duele cuando se revisa la historia artística de la música, de América, sin que se le haya prestado la atención apropiada, o se le haya dado el dintel merecido en esa dimensión de una cultura muy particular.
Hemos sido mezquinos en ese sentido, de guardarle el mérito y el honor a quienes bien se han ganado con talento y esfuerzos una dimensión diferente para la historia; pero también en la idea de divulgar e informar de ciertos genios que nos han circundado siempre y que hemos ignorado.
Se podrían llenar varias miles de antologías del concierto de creaciones que los instrumentos nacionales de cada Patria latina han expuesto para el mundo entero, pero también de esa trova, de esa poesía acariciada, inédita, que es tan nuestra y que nos han donado los artistas y poetas.
Cómo dejar en el olvido por ejemplo a José de la Cruz Mena, músico nicaragüense que emblemáticamente dejó un legado musical para el universo. Cómo dejar de advertir a una gran poetisa como Chabuca Granda, propietaria de todo un aporte en valses peruanos y que también conjugó con versos propios canciones que ahora pertenecen al cosmos.
En algún momento me gustaría retomar esa vena de talentos y genialidades esparcidos en la América de piel bronceada y contarle a las nuevas generaciones, cómo en otros tiempos se hacía música de excelencia y virtud de genialidad.
Hoy le presento a Agustín Lara:
Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano Alfonso del Sagrado Corazón de Jesús Lara y Aguirre del Pino; ese era su escaso nombre. nació un 30 de octubre de 1900, murió un 6 de noviembre de 1970. Conocido como Agustín Lara, fue un compositor e intérprete de muchas canciones, o poemas, hechos canciones, boleros y un ritmo muy propio, que fue el son jarocho, creado en su piano. Considerado entre los más populares de su tiempo y de su género.
Leyendo parte de la historia de este poeta, …en alguna mañana de la primavera tropical de Veracruz, a los diez años, o quizás algunos meses más de vida, Agustín Lara, enjuto como siempre, y mal vestido, llegaba a las gradas de la casa de su tío, una prima lo esperaba; ella, lo invitaba a fumar.
Recientemente la prima de Agustín había cumplido años, esa mañana sin saludarse, ella le pasó la cajetilla de cigarros rubios y fuertes como el mismo tabaco virgen, de los indígenas de México, un encendedor de plata y los sorbos, como si fuera el último cigarro de la vida.
Algo le sonaba inverosímil a Agustín, de repente le preguntó: --“…Prima me dejas tocarlo.”—
Cuando habían aspirado el humo de dos cigarrillos cada uno, la prima le dijo: “…Flaco te gustaría ver lo que mi padre me regaló en mi cumpleaños…” Agustín tenía más interés en otro pitillo que ir a ver algún juguete, para una niña ya grandecita. –“…prima después vemos eso…”—
Ella insistió: --“… ven tienes que verlo…”—
Subieron las gradas ingresaron a una doble sala, después del salón de recepción y frente a la habitación de la señorita Lara, Agustín sorprendido vio el primer piano de cola, que había visto en su vida.
El chico de diez años o unos meses más, veía el mueble brillante de un color vino oscuro y esas teclas que siempre invitan al músico a esculcar más en un instrumento tan fenomenal: y volteaba a ver a su prima y otra vez al piano. –“… prima es tuyo???—
Algo le sonaba inverosímil a Agustín, de repente le preguntó: --“…Prima me dejas tocarlo.”—
Ella en forma reticente y sorprendida, le preguntó algo normal: --“…Flaco ¿sabes tocar?”—
El vaciló y con esa timidez de toda su vida, le dijo: --“…déjame tocarlo prima…”—
Se sentó en una butaca del mismo color del piano, echó la cabeza hacia el pecho; y una melodía que nadie había escuchado nunca surgió como el efecto de una magia inusitada.
Sorpresa de la naturaleza de una biología genial, la de Agustín, jarocho, veracruzano y mexicano, que le mostró al mundo su talento escribiendo poesías y ejecutando el piano desde los diez años, siempre como un maestro.
La prima de Agustín estaba atónita, incrédula, en la casa del primo, era extraño hasta el pan por la crisis de un ex coronel del ejército de México, que había quedado cesante, era el padre del nuevo músico; que en poco tiempo sería uno de los más respetables por su genialidad. Anoto esta circunstancia, porque si no había pan, menos que hubiese un piano de cola en la casa del vate.
La prima gritó, cuando el flaco fumador de toda la vida, dejó de tocar el piano: --“…Agustín seguíiiiii, , , ”-- Y el niño se dejó beber por las teclas blancas y negras de aquél soberbio instrumento de percusión; mientras la damita, salió corriendo para llamar al resto de la familia, para que escucharan a quien sería el bien querido de las mujeres alegres de burdeles y salones de baile de Veracruz, y quién luego sería una estrella del cine de México.
De esta forma inició una carrera fructífera para un niño, que no tenía esa intención, pero que sin embargo, logró triunfar con su talento musical y con su poesía tan significativa creada para la mujer de su vida y para otras que supieron apreciar el arte de un gran artista…
20 junio 2012.
Autor: Augusto Silva Acevedo (17 noticias)
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