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«Beatification me salvó del cáncer». Crónica de la:"Spear Wolf Crew Party Vol.2" Por: Gabriel Entwistle

17/03/2013 16:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Crónica de la fiesta electrónica: The Spear Wolf Crew Party Vol.2, realizada el 9 de marzo del 2013. Cochabamba, Bolivia

Soy uno de los primeros en llegar a Groove. En la puerta, le muestro la cédula al gentilísimo patovica. El local está casi vacío, salvo unos chicos con cara de skaters que circulan tomando cerveza. La música es una electrónica que me resulta ininteligible; esto me suele ocurrir, pues el género/estilo me tiene sin cuidado (salvo algunas excepciones, como Aphex Twin, a quien escucho mientras escribo esto). Vine por algo concreto. Estoy aquí para ver a Beatification.

DJ Culo u Horacio (como lo conozco desde hace doce años), el vocalista, está conversando con Natalia, su hermana y Biel, el novio de ella, quienes están encargados de la venta del merchandising. Les explica, algo frenético y estresado y entonado, que envuelvan los discos de la banda en unos sobres de colores, a los que hay que doblar como bretes, y luego escribir con un marcador el nombre de la banda y el título del disco: Kill al DJ ’s . Claro que ella es la que efectúa gran parte del procedimiento, pues Biel tiene la mano escayolada, debido a una trifulca ajena, cuya trama nunca me quedó del todo clara, en la que por intervenir con un pacifismo inexorable, una mujer le rebanó (involuntariamente) algunos tendones de la mano con una botella rota. Una sociópata redomada. Como un par de mis ex, pienso.

En fin, saludo a Horacio. Se acercan algunos de los DJ s de Spear Wolf Records y compañía, quienes lo joden por la lista de precios. Ésta incluye, entre otras, la oferta de siete minutos en el cielo con DJ Culo a Bs. 200; también la de una polera rosada, cuyo diseño es un smoking pintado a mano, como una versión artesanal de la que usa Adrián D Argelos en el vídeo de Los Calientes, confeccionada por él. Cuesta 500 pesos. Le digo que la gente lo va a mandar un poquito a la mierda. Se ríe y bromea con que ha sido hecha para la posteridad, que quien la adquiera será millonario eventualmente o algo por el estilo. Entre otras cosas, hay una guitarra sin cuerdas, ultrajada, deshecha y borracha, como el piano de Waits, a 300 pesos que, según escucho, la encontraron tirada antes de entrar a Groove. Horacio anota el nombre de la banda con un marcador en la panza de la guitarra. Ya que estamos, todos aprovechamos de escribir giladas, y mando entonces: Beatification me salvó del cáncer, lo cual desata algunas risas.

Me pierdo un rato. El local ya se llenó. DJ Culo está con Dr. Chaos, su compañero de banda y una fotógrafa, charlando tras las mesas de los músicos. Salgo a mear al aire libre. El baño está imposible, inundado en orina, agua, vodka y todas las efusiones imaginables de un caño roto o de una tropa de vejigas bromistas. Cuando llego, el show ya ha comenzado. Me aprieto contra la gente y llego al frente. Un trío de cuerdas abre con canciones de Mozart y DJ Culo finge que la dirige, alzando un lapicero a modo de batuta, contoneándose, agachándose y, también, aproximándose (demasiado) a los violinistas, intimidándolos con su performance a un tiempo absurda y divertida. Los asistentes disfrutan del show. Luego, Horacio va hacia el escenario e improvisa un discurso a los gritos. Entre alaridos, invoca a no sé qué religioso inglés y habla de la máxima de éste: ¡Hagan su propia voluntad! ¡Hagan siempre su propia voluntad! ¡Nunca olviden hacer su propia puta voluntad!, arenga, encaramado encima de la mesa de mezcla, como un guía espiritual hedonista que acaba de naufragar en esta isla de ciudad. Perla negra de la noche: el DJ set que pinchó Culo me daba la sensación de no arrancar nunca. La música consistía en una canción interminable, demasiado oscura y lenta, que se estiraba ad infinitum.

Luego es el turno de Patrick, otro DJ, quien pincha un buen set y la gente baila enérgica. Cada vez se llenan más el local y la pista. Hay algunos turistas y fotógrafos, tomando imágenes de la gente. Esto tiene para rato, imagino. Inquieto, desaparezco nuevamente. Me voy a dar una vuelta y meo otra vez. Retorno. Se ve que calculé pésimamente el tiempo, porque Beatification ya está arriba del escenario. Ahora sí me deslizo rápido entre los cuerpos transpirados y me voy hasta el comienzo, empujando a la gente. Ambos, Dr. Chaos y Horacio, llevan sus cajas-máscaras características, las cuales en esta ocasión son negras y tienen unos cuernos añadidos de colores fluorescentes, a la manera de satanases futuristas. Suena Massacre o Kill Them All, no recuerdo bien. La gente baila con éxtasis y desenfreno y apunta con los índices al escenario. Hay hasta pogo y algunos se arremolinan en él. Por descontado, esto supera en mucho a la trasnochada escena hardcore-punk de la que participaba DJ Culo hace unos nueve años. Y aunque estoy solo, bailo también.

La gente baila con éxtasis y desenfreno y apunta con los índices al escenario. Hay hasta pogo y algunos se arremolinan en él

En algún momento, la música se interrumpe (alguna falla con los equipos). Y, nuevamente, Horacio pretende dar un discurso extenuante, por lo que le grito: “¡Toca! ¡Toca!”. Rospi, quien está a mi lado, añade sostenidamente: “¡Que vomite! ¡Que vomite!”. El resto del boliche se une, acompasando con aplausos y gritos, a la demanda de Rospi. Exigen, como una horda de emetofílicos, a que DJ Culo vacíe su estómago sobre el escenario. A él no le gusta nada lo anterior y contesta: “¡Mierda, pero qué enferma está la gente!”. El desperfecto es arreglado y la fecha continúa. Horacio baja, se mezcla entre la gente. Tocan Monos, uno de sus mejores temas, el cual resulta uno de los más disfrutados. Mientras se desliza, ya con el torso desnudo, transpirando por litros, con el micrófono en la mano, grita en los coros, emulando los quejidos de un chimpancé. Le extiende el micrófono a la gente y casi todos ejecutan gritos guturales.

Mientras tanto, Dr. Chaos pincha unos temas de una banda de cumbia digital extranjera, retrae, quiebra y agita algunos de los temas propios con virtuosismo, sintetizando todo el fragor, la rabia, la rapidez y el ritmo de su música psicotropical. Siguen los temas: Mumia s Bitch y Los Versos Satánicos. En un momento dado, Culo invita a que las chicas suban en bikini o en corpiño. Unas seis se animan, alentadas por una botella de Fernet prometida por el frontman. Él se traviste y aparece con un corpiño en el pecho. La gente festeja y se aproxima a las chicas que bailan arriba del escenario.

Posteriormente, Culo interrumpe el show, para cantar a capela Be My Baby, la versión en castellano que Il Carlo (o Boom Boom Kid) hizo del tema de The Ronettes. Claro que en el intento se despedaza la garganta y hace otro tanto por la canción.

Hacia el final suena el tema Don ’t Get Burn. Algún descoordinado, en el agite, derrama una porción generosa de cerveza en el piso. La gente chapotea, salta y se empuja. Culo saca de la nada, una piñata de Hannah Montana y simula cogérsela. Los presentes nos reímos. Algo añade con respecto a la piñata, algo que se me hace inaudible, para después lanzarla hacia nosotros. Como no podría ser de otro modo, la rompemos en pedazos y alzamos los calcos de la banda que han caído al suelo. Ha sido un buen show. Ha sido un show impresionante. Quisiera que toquen con mayor frecuencia. Para la próxima quizá convendría invitar al Papa, para que hagamos de él una piñata humana , como indica la canción de Voodoo Glow Skulls. Tal vez así se le despeja la mente y recuerda ciertas complicidades de la iglesia.

Cochabamba, 17 de marzo de 2013


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Autor:
Leontolstoi (1 noticias)
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Reportaje
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