
Bob Dylan visitó Bilbao tras 17 años de ausencia. Alguien debió cambiar el viento del noroeste porque los nubarrones sobre el Nervión que baña el Museo Guggenheim no descargaron su acostumbrado chaparrón, y se abstuvieron de traer la lluvia que anunciaban los metereologos. Y todos los espectadores -muchos veteranos-pudieron oír la voz un tanto cascada y ronca del Bob Dylan 1012, y sentir como su eco se lo llevaba el viento a lo largo de la ría. El bocho bilbaino renovaba una leyenda viva que no dejó indiferente a nadie. Más de 7.000 personas disfrutaron, en la explanada del Museo Guggenheim Bilbao, de una de las jornadas musicales más nostálgicas en un concierto único pero cautivador para todos los presentes. Muchos no dejaron de añorar la presencia de Joan Báez su mejor pareja ante los altavoces, tan lejos y tan cerca…
La actuación constituía la primera jornada previa al inicio de la séptima edición del festival BBK Live era la salida a la "semana rock de Bilbao" y la primera cita de la gira de Dylan por España, y en realidad un triunfo que después se repitió en el Festival Internacional de Benicàssim (FIB) y el Cap Roig Festival.
Los conciertos de Bob Dylan en España estuvieron acompañados de solos de piano, armónicas y guitarras. Tras casi una veintena de años sin venir a Bilbao, su breve aparición fue un acontecimiento nostálgico.
El cantautor de Minnesota, ataviado con su tan característico sombrero redondo de ala corta y una chaqueta blanca con pantalón negro, se coló en seguida en el teclado, haciendo suya la noche desde el mismo instante en que sonaron los primeros acordes de Leopard Skin Pill Box Hat, tema de su séptimo álbum Blonde on Blonde, del 66.
El de Minnesota pasó buena parte de las casi dos horas de sus actuaciones detrás de su piano, aunque anteriormente ya había desenfundado y preparado la armónica y, más tarde, tuvo también tiempo para arrancarse a la guitarra.
Bob Dylan, como de costumbre, rehuyó cámaras de fotos y vídeo profesionales, aunque no pudo evitar los flases de los teléfonos móviles con los que sus aficionados quisieron dejar constancia de su asistencia al evento.
Se notaba que al poeta más que cantante solo del rock n'roll también le pesaban los años, como él mismo recordó en su canción “Things have changin” (los tiempos han cambiado). Aunque su actitud crítica y sus canciones protesta perduren, su voz ya no era obviamente la misma, pero se adaptó perfectamente a la letra de sus canciones. Una voz más áspera y quizás demasiado rota para algunos espectadores en todas sus apariciones que encajó a la perfección con el sonido de su banda, compuesta por cinco músicos con los que parece existir una conexión mágica.
Temas como Things have changed, Tangled up in blue o Rollin' and Tumblin hicieron alarde de extraña precisión y compenetración tan soberbia de su banda, pues tanto mérito tiene la propia adaptación de Bod Dylan como el trabajo de sus acompañantes.
Como se sabe al "profeta del rock" le gusta reinterpretar sus canciones. En Bilbao, en Benicassim y en Cataluña Dylan alargó y modificó los temas a su antojo, reinventándolos por completo, en cada concierto, hasta sonar casi irreconocibles.

Contra todo pronóstico, Dylan se mostró más activo de lo habitual. Un repertorio escogido con gusto y mucho cuidado, en el que sonaron, entre aplausos y ovaciones, hits como Highway 61 Revisited, con un sensacional solo de piano, Spirit on the water, en el que no ha soltado la armónica, o A hard rain's a-gonna fall.
Con todo ello, fueron conciertos algo más lejanos al folk y mucho más próximos al blues, con pinceladas de country, en temas como High water y Simple twist of fate y de rockabilly en Summer days, entre otros.
Dylan, a sus 71 años y contra todo pronóstico, se mostró más ágil y enérgico de lo habitual y hasta dedicó sonrisas y gestos de afecto al público, a pesar de la introversión acostumbrada.
Como broche final de sus espectáculos, más familiares y cercanos que los de hace unos años, sonaron dos de los temas míticos del artista —Like a Rolling Stone y All along the watchower—, y en el bis, su hit “Blowin' in the win”. Un final perfecto para jornadas magníficas.
La canción de protesta que mejor le representa es Blowin in the wind
Una canción con una gran historia detrás. En Bilbao se la recuerda como nacida en los 60, uno de sus LP’s, “Bob Dylan Greatest Hits” (Grandes hits de Bob Dylan), se editó hace 40 años y no se ha ido con el viento.
La canción la gestó Dylan en abril de 1962. Hace medio siglo. Tenía entonces 21 años y se hallaba en un café del Greenwich Village de Nueva York. Le acompañaba un amigo la tararearon y les embargó al instante. Empezaron a entonarla y les emocionó a los dos. Dejaron el café a medio terminar y salieron disparados en dirección al local preferido de los fanáticos del folk y le pidieron al cantante Gil Tuner, con el que tenían confianza, que la escuchara por favor. Todos quedaron tan impresionados que le pidieron su autorización para presentarla esa misma noche. Y así lo hicieron: en el mismo papel en el que Bob Dylan había escrito la letra al que añadieron solo los acordes. Al finalizar la canción, el público se puso en pie, aplaudiendo y levantando los brazos, enardecido por lo que acababa de escuchar. Canción y autor entraron en la leyenda.
“Blowin in the Wind”, editada en 1963 en su segundo LP "The Freewheelin", fue una canción que Bob Dylan no interpretó mucho durante sus primeros años; pero otros la interpretaron por él. El famoso Trío Peter, Paul and Mary fue uno de ellos. La grabaron en formato single y a las pocas semanas encabezaban el Billboard, la famosa lista de éxitos. Luego, le siguieron multitud de versiones, hasta casi 400 registradas, que la convirtieron en un mito; entre ellas, Los Beatles, Elvis Presley, Duke Ellington, Sam Cooke, Neil Young, Bruce Springsteen y otras voces famosas. Queda muy claro por tanto que Bob Dylan nunca necesitó de su propia promoción personal.
En España se tarareaba su versión en inglés, pero nadie hizo una versión en castellano con suficiente fuerza como para triunfar. Pero es interesante conocer la traducción de su letra, “Soplando al viento”, para darnos cuenta del alcance de su mensaje:
¿Cuántos caminos debe andar un hombre para que le tengan por hombre?
¿Cuántos mares debe surcar una blanca paloma para poder descansar en la arena?
¿Cuánto tiempo seguirán silbando las balas de cañón antes de ser prohibidas para siempre?
El carisma de los cantantes de protesta y por los derechos civiles fue importante para atraerse partidarios en la guerra de Vietnam y en pro de Martin Luther king
La respuesta mi amigo, esta soplando en el viento.
¿Cuantas veces ha de mirar un hombre hacia arriba para poder ver el cielo?
¿Cuántos oídos tiene que tener un hombre para oír los lamentos del pueblo?
¿Cuántas muertes más tendrá que haber para que sepa que ha muerto demasiada gente?
La respuesta mi amigo, está soplando en el viento.

Sí, ¿y cuántos años puede existir una montaña antes de ser bañada por el mar?
Sí, ¿y cuántos años deben vivir algunos antes de que se les conceda ser libres?
Sí, ¿y cuantas veces puede un hombre volver la cabeza fingiendo no ver lo que ve?
La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento,
Publicada también en los Discos: The Freewheelin' Bob Dylan (1963) / Bob Dylan's Greatest Hits (1967) / Before the Flood (1974) / At Budokan (1979) / The 30th Anniversary Concert Celebration (1993) / The Essential Bob Dylan (2000) / Live 1975 (2002)
A pesar de que sus trabajos más célebres la mayoría proceden de los años 60′, la década musical por excelencia, Bob Dylan ha sido una referencia de la música popular durante medio siglo. En esos años era, junto a Joan Báez, su protectora y más tarde su pareja durante algún tiempo, un verdadero estandarte contra los conflictos bélicos del momento. Todos los que se significaban de alguna forma una protesta contra la guerra de Vietnam tenían en “Blowin’ in the Wind”, y otras canciones suyas como “Like a Rolling Stone” o “The times they are a-changin”, una de sus banderas, un verdadero himno contra la guerra y de apoyo a los derechos civiles.
Bob Dylan y Joan Báez en los años 60
Entre 1962 y 1964, Báez fue el rostro más popular de la música folk y de protesta, Joan Báez fue la estrella de festivales y giras y cantando en actos políticos, entre los que se incluyen la Marcha sobre Washington de 1963 por los derechos civiles junto a Martin Luther King. Cantó en prisiones y como los afroamericanos no podían ir a los teatros de los blancos, Joan fue a cantar a sus teatros. Durante este periodo, empezó a estudiar el trabajo de Bob Dylan y, paulatinamente, su repertorio se desplazó del material tradicional al de tipo socialmente comprometido, en consonancia con la emergente generación de artistas de los años sesenta.
Vivió con Bob Dylan entre 1963 y 1965 y juntos se ganaron el título del Rey y la Reina de la Canción protesta. Lucharon en contra de la guerra de Vietnam y a favor de los derechos civiles. Por negarse a pagar el 60% de los impuestos que ella consideraba se usaban en Vietnam, Joan fue encarcelada varias veces y vigilada por el FBI durante décadas. También usaba gran parte de sus ingresos en apoyar a organizaciones por los derechos civiles y la no-violencia y otras causas imposibles. Como otros intérpretes de folk, Báez se vio influenciada por la aparición de los Beatles en Estados Unidos y por el folk rock de Dylan. Como consecuencia de esto, Dylan aumentó su instrumental, que hasta el momento se basaba únicamente en su guitarra acústica, llegando a usar una orquesta entera con Joan (1967). Continuó experimentando a finales de los sesenta, como se comprueba en discos como Baptism (1968), en el que recita poesía, y en Any Day Now (1968), un doble disco de canciones de Bob Dylan con ambiente country.
Bob se convirtió en el portavoz del movimiento inconformista juvenil, en el emblema de la llamada “canción protesta”, en el estandarte de las manifestaciones pacifistas contra la Guerra de Vietnam hasta su fin en el cual la pareja contribuyó eficazmente y en el adalid de los grandes conciertos benéficos de los años 70 y 80 con los que se intentaba socorrer a las víctimas de la Guerra de Bangladesh o de la hambruna que asolaba Etiopía.
En tono de profeta, Dylan anunció que los tiempos estaban cambiando, y vaya si cambiaron. Se anticipó a la revolución musical que venía después. Bruce Springsteen declaró en una ocasión: “Sin Bob, los Beatles no habrían hecho Sgt. Pepper, los Sex Pistols no habrían hecho God Save The Queen y U2 no habrían hecho Pride in the Name of Love”. Muchas de las canciones de Dylan (Blowin’ in the Wind, Like a Rolling Stone, Mr. Tambourine Man, Just Like a Woman) se convirtieron en himnos que todavía hoy tienen vigencia. Y varios de su álbumes aparecían siempre en los primeros lugares de cualquier clasificación que se hiciera de la historia del rock de esos días y posteriores.
Son muchos los músicos, escritores y filósofos que han glosado la personalidad de Dylan. David Gilmour: “Debo decir que la fuerza del joven Dylan como cantante de protesta (él siempre lo negó, pero lo siento, Bob, eras un cantante de protesta”) residía en que tomaba la guitarra, tocaba ante una multitud y su música y sus palabras eran coreadas y ascendían hacia el cielo como una flecha”. Joan Baez: “Nunca he visto un carisma como el que tenía Bob en sus actuaciones”. Leonard Cohen: “Bob Dylan es uno de esos personajes que sólo aparecen una vez cada 300 ó 400 años”.

Quizá el más acertado haya sido el director de cine Martin Scorsese hablando de No Direction Home, su última película sobre Dylan: “No he pretendido hacer algo donde se desvelen todos los secretos de Dylan, sino rendir un homenaje a uno de los poetas más brillantes del siglo, un hombre que hace que nos miremos a nosotros mismos, que nos emociona y nos hace sentir cosas que no sabríamos transmitir de otra manera”.
Bob Dylan (de verdadero nombre Robert Allen Zimmerman) nació el 24 de mayo de 1941 en Duluth (Minnesota). Cuando tenía 6 años, su familia se trasladó a la cercana Hibbing, donde su padre tenía un negocio de materiales eléctricos. Desde niño empezó a interesarse por la música. Se compró una guitarra por correo y escuchó mucho la radio, donde descubrió a Hank Williams, a los músicos negros y, posteriormente, a los precursores del rock and roll, entre ellos Elvis Presley, Carl Perkins y Jerry Lee Lewis. En 1959, se trasladó a Minneapolis para ingresar en la Universidad de Minnesota, donde sus asignaturas favoritas fueron la historia norteamericana y el idioma español. En esa época escuchó mucho country y, sobre todo, a dos músicos que tendrían una enorme influencia sobre él y a los que luego homenajearía repetidamente en sus canciones: Robert Johnson y Woody Guthrie.
Los que le frecuentaron entonces dicen que hablaba poco, pero leía mucho, sobre todo poesía. Decidió empezar a cantar y adoptó el nombre artístico de Bob Dylan. Siempre se ha dicho que era su homenaje personal al poeta Dylan Thomas, pero él nunca ha sido demasiado explícito sobre este asunto.
En contraposición a las tendencias del momento dominadas por la música pop y el rock, Bob Dylan abordó en sus comienzos musicales temas con profundas raíces sociales por los que sentía una gran inquietud, pero también por la música tradicional como el folk, el country, el blues y otros géneros menos conocidos. Y aunque como cantante no se puede decir que no haya tenido tanto éxito como Elvis Presley siempre se le recordará por su enorme talento y capacidad para componer canciones.
A finales de los 70, se produjo otro hecho que le marcó para siempre: su conversión al cristianismo después de una profunda crisis religiosa. En sus actuaciones y giras dejó de cantar sus temas más conocidos y, entre canción y canción, comenzó a dar muestras patentes de su fe cristiana. Y así siguió durante las siguientes décadas en las que en bastantes ocasiones volvíó a sus raíces del folk, la guitarra acústica, y de nuevo al éxito. Destacan de esa época “Time Out of Mind” (1997) y especialmente, ya en el nuevo siglo, “Modern Times” (2006).
Bob Dylan obtuvo a lo largo de su carrera infinidad de premios y reconocimientos en los países más diversos. Grammys y Globos de Oro siempre fueron una constante, y reconocimientos como el Premio Príncipe de Asturias en el año 2007 o Caballero de la Orden de las Artes y las Letras en Francia, algunos de sus galardones, llegando a estar propuesto para la candidatura del Premio Nobel.
“Blowin’ in the Wind”, subida a un pedestal como emblema de la protesta bélica o a favor de los derechos civiles en los años 60, también fue aprovechada por la Iglesia Católica a partir de los años 70 y 80.
Esta canción pacifista aún resuena en todos los lugares donde se busca la paz y se lucha por ella, por la libertad, en un mundo donde la guerra nunca ha dejado de existir. Siempre se guardará en la memoria a “Blowin’ in the Wind”, una de las canciones que jamás se cansa uno . Un himno para muchos jóvenes de su generación en aquellos años en que el pop y el rock y los ritmos anglosajones les deslumbraban. El pasado año, con motivo del 70 cumpleaños de Bob Dylan, la cantó en su ciudad natal.

Autor: Diasporaweb (616 noticias)
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