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II.- ¿Que es Cataluña? según Cantarero del Castillo

02/04/2018 07:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Afirmar que Cataluña es muy europea culturalmente y que Castilla y, en general el resto de la España no catalana, es no-europea o incluso antieuropea, como parece sostener el Sr. Pujol, es del todo insostenible

Cantarero del Castillo, en su obra ¿Qué es Cataluña? analiza y sintetiza muchas de las intervenciones y publicaciones más ilustres que, al respecto del concepto de nación, se han  producido desde finales del S. XVIII hasta la actualidad. No es objeto del presente entrar a extractar las mismas pero, por su valor y actualidad, si reproduciré la crítica razonada que vierte acerca de la conferencia pronunciada en Aquisgrán y su libro "Cataluña España" por el entonces Muy Honorable Presidente de la Generalidad de Cataluña, Jordi Pujol i Soley, quien gobernó Cataluña ininterrumpidamente durante 23 años, desde 1980 hasta 2003 y está considerado como el inspirador y principal líder del actual nacionalismo catalán del último tercio del S. XX.

“El día 11 de Marzo de 1985, como primer acto de preparación del "milenario" de Cataluña que habría de celebrarse en Barcelona el 22 de Abril de 1988, el Presidente de la Generalidad catalana Jordi Pujol marchó a la bella ciudad de Aquisgrán (Alemania), sede que fue del Sacro Romano Imperio de Carlomagno, al efecto de pronunciar en ella un discurso de encendida exaltación de un supuesto origen germánico del pueblo catalán. Un discurso cuyos más significativos y ardorosos pasajes fueron los referentes a la especie quimérica de la pertenencia de Cataluña y de los catalanes, no a la etnia y a la Historia de España, sino a la etnia y a la Historia carolingia; especie que nos parece se descalifica por sí sola y que no consta haya sido refrendada por los historiadores alemanes presentes en el acto ni, mucho menos por los franceses, si los hubo.

Veamos, de comienzo a fin, algunos de los más expresivos pasajes de dicho discurso:

     "Yo soy el presidente del Gobierno -del gobierno autónomo de mi país- y en este momento de la incorporación de España a la C.E.E. he querido venir, en nombre de mi país, a expresar aquí, en nuestra capital (Aquisgrán) nuestra alegría de volver a casa..."

     "Consideramos que no sólo Barcelona es nuestra capital -y no sólo Madrid, en tanto que capital de gobierno- sino Aquisgrán, también, en tanto que capital histórica del mundo, de la mentalidad, de la cultura y de la civilización que nos engendraron. Venir aquí, a Aquisgrán, no es ir al extranjero, es ir a los orígenes..."

     "Porque hemos de tener presente que este lazo de nacimiento con el corazón de Europa, con el núcleo más central, con la matriz de Europa, Cataluña la ha conservado siempre. Y lo ha complementado con otra componente decisiva de la idea y de la realidad de Europa: el mundo mediterráneo..."

     "Nosotros, país de Marca Carolingia, hemos sido siempre fieles a esta doble vocación europea (carolingia y mediterránea) incluso cuando España, a fines de los siglos XVI XVII, volvió la espalda a Europa o quedó marginada..." "Tres hechos contribuyeron a este aislacionismo (español) de Europa, la última derrota militar contra Francia e Inglaterra, en la lucha por la hegemonía europea, la conquista de América y la Contrarreforma, que en España adquirió un cariz radicalmente cerrado..."

     "Porque yo no vengo a hablarles de España, sino de Cataluña. ¿Por qué les hablo, entonces, de Cataluña?. Simplemente, para decirles que Cataluña no es diferente del resto de Europa y que al revés del resto de España, tiene una visión distinta de Europa..." "Cataluña es Europa del mismo modo que lo son los países de Europa de la primera comunidad..."

     "Cataluña es carolingia. Y la Europa de los seis es carolingia. España, en su conjunto, es heredera de una monarquía visigótica aislacionista respecto de Europa..." "El hecho es que Cataluña, desde su nacimiento, se encuentra en el ámbito de influencia carolingia, religiosamente, culturalmente y, no hace falta decirlo, también políticamente. El resto de la península no..."

     "La idea que inspira el nacimiento de Cataluña no es peninsular, sino carolingia; procede del Norte y su objetivo no es la Reconquista; al menos no es su obra principal, no es su razón de ser. Es más, a partir del momento en que Cataluña puede proponerse un objetivo, este se localiza a caballo entre los Pirineos y se orienta, en buena medida, hacia las vecinas tierras occitanas, no hacia el sur..."

Cabe apuntar aquí que -a pesar de su supuesto origen carolingio- ni Pujol, ni sus antepasados catalanes, han llamado nunca a la capital carolingia Aachen, como le llaman los alemanes, ni Aaken, como le llaman los holandeses y ni siquiera Aix-la Chapelle, como le llaman los franceses, sino tal como en sus anteriores párrafos transcritos, Aquisgrán (de su originario nombre latino Aquagranus), como le hemos llamado siempre los españoles, incluidos los catalanes.

En cuanto a que ni Castilla, ni Aragón, ni Navarra, etc. hayan sido, ni sean europeas, por no haber sido "carolingias", como Cataluña, la verdad es que ello es inadmisible, porque Pujol olvida que en la época carolingia la consciencia unitaria de los habitantes del "Viejo Continente" no era, en absoluto, la de europeidad -muchísimo más tardía- sino, estrictamente, la de cristiandad.

Pujol argumenta la europeidad de Cataluña, frente a la no europeidad de España, en base a la participación catalana en la herejía cátara y en la distinta contemplación crítica de la Reforma. Pero se olvida, por un lado, de que la mayoría de los catalanes se alinearon siempre, junto a los españoles más radicales en la defensa de la más rígida fe romana y, por el otro, de que pese a esa grave diferencia, tan europea como la Europa reformista lo es, también, la Europa católica, de la cual tan devota ha sido y es la gran mayoría del pueblo catalán. Y bueno será recordar aquí que, desde fines del siglo XVIII, quienes lideraron en España la definitiva apertura a la cultura europea no fueron precisamente los catalanes secesionistas, sino los españoles liberales, incluidos entre ellos los catalanes no secesionistas y muy destacadamente, sus adelantados, los asturianos jovellanistas y los andaluces, impulsores tenaces de las "Cortes de Cádiz"; estos últimos con posteriores mártires como fueron, entre otros muchos, los casos de Torrijos, fusilado en Málaga, junto a cuarenta compañeros y el de la heroína de la libertad, Marianita Pineda, bellísima hija de un destacado marino de guerra ajusticiada en Granada, a "garrote vil" por conspiración contra la tiranía. No en vano la voz española "liberal" y su derivada "liberalismo", fue asumida, tal cual, por todas las lenguas europeas.

Y, por demás, ¿acaso hay en Europa, en España o en Cataluña, alguien que, junto al conde austríaco Coudenhove-Kalergi, haya sido, en nuestro siglo y en el "Viejo Continente", proselitista más madrugador, más radical y más incansable en la demanda de la "constitución de Europa como gran estado nacional" (sic), que el señero español de Castilla y primer europeo de España, José Ortega y Gasset?

Afirmar que Cataluña es muy europea culturalmente y que Castilla y, en general el resto de la España no catalana, es no-europea o incluso antieuropea, como parece sostener el Sr. Pujol, es del todo insostenible. Para probar ello, basta preguntar ¿Acaso hay un escritor catalán de mayor conocimiento en Europa y más europeo que Cervantes?, ¿Acaso Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, etc. son dramaturgos menos europeos y menos conocidos en Europa que los diversos dramaturgos catalanes? ¿Acaso la poesía y los poetas catalanes son más numerosos, más europeos y más conocidos, en Europa, como tales poetas europeos que los de habla castellana, desde San Juan de la Cruz, Quevedo, Machado, Lorca, Alberti a Gerardo Diego y tantos otros no menores? ¿Acaso, Velazquez, Goya, Murillo, Zurbarán, Ribera, etc., son en Europa, pintores españoles, menos conocidos y menos admirados como pintores europeos, que los buenos pintores catalanes?, ¿Acaso "Don Quijote", "Don Juan", "el Cid", "la Celestina", "Carmen" o "Figaro", no son mitos de la España castellana incorporados a la general mitología europea con máxima proyección poética, literaria y musical? ¿Y cabe, acaso, pertenecer a la cultura europea con la más alta consideración sin haber aportado a ella ninguno de sus mitos? Queriendo a Cataluña -a la entrañable y meritísima Cataluña catalana de España- tanto como la quiere el que esto escribe, duele mucho tener que hacer las observaciones que preceden.

Tras todo ello ¿cómo se puede hablar de ausencia de Castilla y de España en Europa cuando por determinación del azar histórico sus príncipes, sus ejércitos, sus políticos, sus diplomáticos y sus administradores, en número ingente, tuvieron que atravesar mil veces la amplísima geografía del Viejo Continente fuere para guerrear, para negociar, para comerciar, para pactar y, como es lo humano en todas partes, para amar, casar y procrear? Recuerde el Sr. Pujol "La Kermesse héroique" y admita que incluso las condenabilísimas guerras resultan ser a veces humanamente integradoras en alguna medida y que, a su vez, toda desintegración histórica resulta ser casi siempre causa de la repetición de una misma anterior guerra ganada o perdida.

Principal líder del actual nacionalismo catalán del último tercio del S. XX

En concordancia con lo expuesto, dada la evidente grandeza de la Cataluña moderna, no pocos de los escritores catalanes aún invierten la medieval prevalencia histórica del reino de Aragón, de forma que los condes de Barcelona aparecen como los "reyes catalanes" que nunca existieron. Pero que, reiterésmolo una vez más, podían haber existido si cualquiera de sus condes, independizados ya de Aquisgrán y de París, hubieran decidido proclamarse reyes. Ocurre que, en los años medievales, Cataluña, en cuanto región costera, se constituye pronto en la primera potencia mediterránea, lo que evidentemente no pudo ser el intrapeninsular reino de Aragón. Pero en contrapartida, el reino de los Alfonsos y los Pedros, disponía de una curtida fuerza militar terrestre que, en la catalana "Expedición a Oriente", debió ser algo así como una primera "Infantería de Marina" española, acompañante de los "almogávares", feroces guerreros, descendientes de los germanos que, siglos antes, habían atravesado España para asentarse en el norte africano, lo que hoy es el "Magreb". "Almogávares", acaudillados, como es sabido, por el general mercenario Roger de Flor, hijo de alemán y de italiana. Igualmente, les ayudó también la escuadra del almirante italiano, Roger de Lauria, que se unió a la catalana; almirante enterrado, por cierto, en Valencia, donde vivió largos años.

Merece aún la pena abundar aquí en la denuncia a que han procedido algunos historiadores españoles a la vista de las manipuladas historiaciones de algunos de sus colegas catalanes nacionalistas, en un sentido de exaltada valoración de Cataluña, pero a la vez, de impropia minusvaloración de Aragón.

Veamos, en dicho sentido, como Salvador de Madariaga, en su obra ya citada, recuerda que "Fue la marítima, la comercial, la civilizada Cataluña, la que se une a Aragón y no Aragón a Cataluña". Cuanto más se nos habla del poder, de la fuerza civilizadora y organizadora, de la capacidad de dirección y expansión de Barcelona, en contraste con "los pobres aragoneses"(sic), más tenemos que sospechar la existencia de influencias curiosamente potentes para explicar que se despojase a Cataluña de la gloria y de la fama de los hechos históricos, cuya inspiración le pertenece, a beneficio de Aragón. Dichos pobres aragoneses -comenta- salen muy mal parados de las manos de los historiadores catalanistas.

Algunos de esos ardientes catalanistas hacen hincapié en que Cataluña era la fuerza impulsora de la Federación. Pero el caso es que aunque Cataluña era la fuerza impulsora de la Federación, aunque hasta 1410 los reyes de Aragón se sintieron por lo menos tan catalanes como aragoneses sino más, se les conocía como "Reyes de Aragón"; su casa no era ya la casa de Barcelona (Casa de Cataluña no lo fue nunca)".

En posterior ocasión, sigue Madariaga, el marino siciliano Roger de Lauria decía que "los peces del Mediterráneo no se atrevían a aparecer sobre el agua sin llevar a las espaldas las barras de Aragón", lo cual probaba incidentalmente que para los catalanes de entonces Cataluña estaba absorbida en Aragón...   

A su vez Sánchez Albornoz, en su obra ya también citada, escribe que "Abundan los historiadores catalanes el papel desempeñado por Cataluña en el equilibrio de la Corona Aragonesa. Llegan a exaltar la conducta respetuosa de la Cataluña hegemónica con el mediatizado Aragón..." "Pero era éste demasiado extenso y fuerte, demasiado arriscado y celoso de sus propias costumbres y libertades para que los catalanes hubieran osado en verdad intervenir en su vida política" "Su pareja fuerza vital -sigue- hizo imposible la hegemonía de Aragón sobre Cataluña y de Cataluña sobre Aragón, por ello Valencia no fue incorporada a ninguno de los Estados, sino que se constituyó en un tercer reino autónomo y con propia personalidad histórica, no estructurada social y políticamente conforme al régimen feudal de Cataluña".

En el sentido equívoco indicado Pujol, en el discurso que revisamos, afirma que "con la conquista del País Valenciano, Cataluña completó sus tres dimensiones: la europea continental, la europea mediterránea y la peninsular española". De tal modo, Jaime I "el Conquistador" (en este caso, "conquistador" de Valencia), no aparece, tal cual lo fue de pleno derecho, como rey aragonés, sino, en fraude histórico, como "rey catalán".   

Ocurre, cual no es el caso de Cataluña, que Valencia y Mallorca -y las Baleares en su conjunto- pueden denominarse reinos de la "Corona de Aragón". Ello según los textos con que el "Diccionario de la Real Academia Española" registra la voz reino: "Territorios o Estados con sus habitantes sujetos a un rey". "Cualquiera de las provincias de un Estado que antiguamente tuvieran su rey propio y privativo". 

Pujol estima que su región es la más europea de la península porque posee el mejor románico y gótico de ella, siendo así que, Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla, Extremadura, Galicia, Valencia, etc. en su conjunto, nada tienen que envidiarle. En parejo sentido, su inspirador primero, Prat de la Riva, en su obra La Nacionalidad Catalana desprecia a Andalucía porque, a diferencia de Cataluña, "sólo tiene monumentos islámicos" (por cierto muy superiores a los también catalanes de ese origen). Pero el fundador del nacionalismo catalán olvidó que Andalucía, además de un nutrido arte imperial romano, tuvo también un importante gótico que fue siguiendo al avance de la Reconquista. Muestra de ello la constituyen la catedral gótica de Sevilla, tercera del mundo en dimensiones interiores y el bellísimo templo gótico granadino -la "Capilla Real"- que alberga el esplendido enterramiento gótico de los Reyes Católicos. Significativo es, también, en Málaga, poco después de la Reconquista se procediera a construir un bellísimo pórtico gótico a la entrada de un templo islámico convertido en templo cristiano. Por otra parte, Prat y Pujol olvidaron que el Renacimiento, el Barroco y el Neoclásico, tan europeos como el románico y el gótico son, en Andalucía, de una abundancia y riqueza excepcional”.

 

Termino, extractando las palabras del Profesor de Historia del Pensamiento Político (UNED), Javier Varela, en artículo de El País de 1 de Mayo 1996, a propósito del perfil personal y político de Jordi Pujol:

“Todo empezó con la Marca Hispánica, avanzada supuesta del Imperio Carolingio en tierra de infieles, hace más de mil años. A partir de entonces, el ser y el destino de Cataluña como colectividad quedaron fijados para siempre. "Este hecho diferencial de nuestro nacimiento se ha perpetuado en cierto sentido a través de la historia". Esto es lo que dice el señor Pujol en una reciente selección de sus escritos. Apareció Cataluña en el mundo con sus rasgos básicos -capacidad de integración, identidad- ya formados. Alborada gozosa a la que siguió un larguísimo periodo de decadencia; declive que parece arrancar del siglo XV y tiene su colofón en la derrota fatídica de 1714. Cuando Cataluña extravía su identidad, el consenso y la estabilidad sociales se rompen. Pero llegaron tiempos mejores. El ideal colectivo dormía, pero no quedó olvidado. Volvieron las viejas virtudes -la cohesión social, el espíritu de trabajo-; se produjo la industrialización, sobrevino el renacimiento cultural; aparecieron voces -voces nacionalistas- que llamaron a reconquistar la patria perdida.

El señor Pujol, según reconoce, no es historiador. Las ideas del señor Pujol acerca de la "Cataluña" altomedieval no vienen, pues, de otros historiadores. Pertenecen, más bien, a un orden mítico. Responden a la necesidad sentida por el catalanismo de inventar una tradición, atribuyendo a la nación imaginada unos orígenes absolutos. El mito de los orígenes se abrió camino hasta conquistar los manuales oficiosos de historia. Quien desee comprobar los múltiples usos de la historia no tiene más que remitirse a Eugenio d'Ors.

Los mitos nacionalistas, como todos los mitos religiosos o profanos, viven al margen del tiempo histórico. Su función consiste en dar sentido, en suscitar y orientar la acción colectiva. En apariencia, poseen una fecha, pero sólo a efectos de ordenar el rito, la celebración por la que el mito se actualiza en la conciencia de los creyentes. El mito del señor Pujol presenta una mezcla singular de política y religión. La nación es una esencia intemporal que desenvuelve sus vicisitudes según un esquema teológico: unidad perdida, caída y redención final. Llama la atención el empleo constante de términos como plenitud, alma, llamada, espiritualidad, que denotan la intensidad de su fe; de una fe que es capaz de crear su objeto.

Alguno de los biógrafos del señor Pujol se ha referido a él como un "nacionalista religioso". El profesor Josep Colomer, por su parte, ha hablado con justeza de sus raíces tradicionalistas y católicas. El caso, claro está, no es el de todos los catalanistas; pero puede ilustrar el de aquellos que aprendieron el nacionalismo en los grupos católicos de los años cincuenta y sesenta. Allí donde surge un particularismo étnico o cultural -Quebec, País Vasco, Irlanda, Cataluña-, podemos estar ciertos de que la Iglesia no anda muy lejos. Una Iglesia que se ha movido entre dos tentaciones: la del nacionalcatolicismo, la de sacralizar el poder político, y la del catolicismo nacional, la de, una religión secular y comunitaria; ambas tentaciones ligadas por una duradera hostilidad al Estado liberal.

La visión histórica del señor Pujol se relaciona estrechamente con su autobiografía, concebida igualmente en términos míticos; con el relato del profeta que anuncia o del Mesías que viene a realizar el vaticinio milenario. Describe el señor Pujol su infancia en un medio entre fabril y campesino; un mundo natural, lleno de sentido religioso, unitario, bien trabado, macizo, de una pieza. Una suerte de Marca Hispánica personal. Luego viene la escisión, la duda, esa duda que pudre; un mundo artificioso y mestizo que parece aludir a los efectos de la modernidad (turismo, riqueza, emigración). Por fin aparece la gran voz capaz de recrear el paraíso perdido, la unidad y la energía. El hombre moderno es algo muy parecido al desarraigado de Barrés, oscilando entre lealtades múltiples, perdido en abstracciones, separado de otros hombres por intereses propios. Y para remediar esa pecaminosa condición, el señor Pujol propone el reposo en la hermandad lingüística y cultural, la salvación en una comunidad de rasgos místicos, atada por un lazo invisible y misterioso”.

Jordi Pujol i Soley gobernó Cataluña ininterrumpidamente durante 23 años

AscoHastaLaNáusea


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