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El colapso de las teorías marxistas en Maduro o el inmovilismo de su gabinete económico

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27/09/2019 22:34 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Marx, sus teorías utilizadas para el complot de hombres ignorantes de la izquierda

Asidero

Hubo un tiempo en que algunos autores que se reclamaban del marxismo pretendían que la ley del valor estaba superada debido a las mayores tasas de ganancia para los monopolios. Sin embargo, las contrapartes tuvieron tasas de ganancia más bajas en otros sectores. Resulta gracioso que el reciente descubrimiento de este fenómeno por parte de los economistas de la corriente dominante los lleve hoy a revelar las inconsistencias de su teoría de ganancias

De la misma manera, tampoco es posible argumentar que podemos producir valor tecleando, como afirman algunos autores que afirman ser marxistas. En cuanto a la llamada economía colaborativa, solo crea valor, en el sentido capitalista del término, si está sujeta a la apropiación privada que conduce a la producción de bienes. La economía de la plataforma está en la vanguardia de la modernidad, pero a menudo vuelve a los primitivos modos de extracción de la plusvalía.

Quiero aclarar, una vez más, que mi preocupación por Latinoamérica está basada en los lazos que nos unen: la lengua que hablamos, la cultura que sustentamos, el amo común que tuvimos. Que no nos anima otra causa para desear la liberación de Latinoamérica del yugo colonial norteamericano. Si alguno de los países latinoamericanos  decidiera restablecer relaciones con Cuba, estaríamos dispuestos a hacerlo sobre bases de igualdad y no con el criterio de que es una dádiva a nuestro gobierno el reconocimiento como país libre del mundo, porque ese reconocimiento lo obtuvimos con nuestra sangre en los días de la lucha de liberación contra España, lo adquirimos con sangre en la defensa de nuestras playas frente a la invasión yanqui de manera silenciosa y la cubana en mi país, con la misma caracterización.

Me solidarizo con los pueblos que luchan en cualquier parte del mundo para hacer realidad los derechos de soberanía plena proclamados en la Carta de las Naciones Unidas. Aun cuando, los venezolanos rechazamos, que se nos pretenda atribuir injerencias en los asuntos internos de otros países, no podemos negar nuestra simpatía hacia los pueblos que luchan por su liberación y debemos cumplir con la obligación de nuestro gobierno y nuestro pueblo de expresar contundentemente al mundo que apoyamos moralmente y Los EEUU sí intervienen; lo han hecho históricamente en América. Cuba conoce desde fines del siglo pasado esta verdad, pero la conocen también Colombia, Venezuela, Nicaragua y la América Central en general, México, Haití, Santo Domingo.

En Sudamérica, se producen intervenciones solapadas por intermedio de las misiones militares que participan en la represión interna, organizando las fuerzas destinadas a ese fin en buen número de países, y también en todos los golpes de estado, llamados «gorilazos», que tantas veces se repitieron en el continente americano durante los últimos tiempos.

Concretamente, intervienen fuerzas de los EEUU en la represión de los pueblos de Colombia, Venezuela y Guatemala que luchan con las armas por su libertad. En el primero de los países nombrados, no sólo asesoran al ejército y a la policía, sino que también dirigen los genocidios efectuados desde el aire contra la población campesina de amplias regiones insurgentes y, las compañías yanquis instaladas allí, hacen presiones de todo tipo para aumentar la injerencia directa.

En años recientes, además de nuestro pueblo, conocemos de la agresión directa Panamá, donde los «marines» del Canal tiraron a mansalva sobre el pueblo inerme; Santo Domingo, cuyas costas fueron violadas por la flota yanqui para evitar el estallido de la justa ira popular, luego del asesinato de Trujillo; y Colombia, cuya capital fue tomada por asalto a raíz de la rebelión provocada por el asesinato de Gaitán. Son años de lucha interna.

Los imperialistas se preparan a reprimir a los pueblos americanos y están formando la internacional del crimen. Los EEUU intervienen en América invocando la defensa de las instituciones libres. Llegará el día en que tendremos aún más madurez y le demande al gobierno norteamericano garantías para la vida de la población negra y latinoamericana que vive en este país, norteamericanos de origen o adopción, la mayoría de ellos. ¿Cómo puede constituirse en gendarme de la libertad quien asesina a sus propios hijos y los discrimina diariamente por el color de la piel, quien deja en libertad a los asesinos de los negros, los protege, además, y castiga a la población negra por exigir el respeto a sus legítimos derechos de hombres libres?

Venezuela, es todo un mestizaje.

No hay enemigo pequeño ni fuerza desdeñable, porque ya no hay pueblos aislados. Como establece la Segunda Declaración de La Habana: «Ningún pueblo de América Latina es débil, porque forma parte de una familia de doscientos millones de hermanos que padecen las mismas miserias, albergan los mismos sentimientos, tienen el mismo enemigo, sueñan todo un mismo mejor destino y cuentan con la solidaridad de todos los hombres y mujeres honrados del mundo.

Esta epopeya que tenemos delante la van a escribir las masas hambrientas de indios, de campesinos sin tierra, de obreros explotados; la van a escribir las masas progresistas, los intelectuales honestos y brillantes que tanto abundan en nuestras sufridas tierras de América Latina. Lucha en masas y de ideas, epopeya que llevarán adelante nuestros pueblos maltratados y despreciados por el imperialismo, nuestros pueblos desconocidos hasta hoy, que ya empiezan a quitarle el sueño. Nos consideraban rebaño impotente y sumiso y ya se empieza a asustar de ese rebaño, rebaño gigante de doscientos millones de latinoamericanos en los que advierte ya sus sepultureros, el capital monopolista yanqui.

Roberto Fernández Retamar, uno de los mayores pensadores cubanos y latinoamericanos, encarna la tipología del intelectual orgánico en la extensión de ese concepto. Desde la poesía, el ensayo, la docencia y la promoción cultural, ha habilitado un espacio intelectual —ideológico— para interpretar la Revolución cubana en su autenticidad, en su ámbito latinoamericano, a partir del debate con la tradición y el permanente diálogo con las ideas producidas en cualquier latitud.

El camino de la verdad, hay que buscarlo

En este sentido, y con los principios productistas de Carlos Marx, debemos transformar los sistemas de producción, en especial, el sistema energético y eléctrico., las que hacen que el decrecimiento en cuestión sea indispensable. La transición, en efecto, no consiste en decir que un sistema B podría funcionar como alternativa al sistema A, sino en indicar el camino que lleva de A a B. El sistema energético fósil no es adaptable a las fuentes renovables. Por tanto, hay que llevarlo al desguace lo antes posible y construir un sistema nuevo. La tarea es inmensa y requiere inevitablemente grandes cantidades de energía. Por otro lado, y sobre todo, son precisamente las gigantescas inversiones necesarias para la transformación de los sistemas productivos, en particular del sistema energético. Hoy, globalmente, esta energía es fósil en un 80 %, es decir, fuente de emisiones de CO2. En otras palabras: si todo lo demás se mantiene igual, la propia transición será la causa de emisiones suplementarias.

Ahora bien, estas deben empezar a disminuir de inmediato, y muy radicalmente, como ya he dicho. En el marco de la lógica capitalista de acumulación, el problema es rigurosamente insoluble. Si dejamos de lado el negacionismo climático de Trump y Bolsonaro, la única respuesta del sistema consiste en desarrollar tecnologías insuficientes, inciertas y peligrosas, como la energía nuclear y la bioenergía con captura y secuestro del carbono (BECCS).

A pesar de las declaraciones de Delcy Rodríguez en la ONU, desde otro ángulo, tenemos que aceptar el fracaso del gabinete económico del presidente, Nicolás Maduro Moros. Rompe con todas las teorías económicas de Carlos Marx. Y no, debemos olvidar las bases norteamericanas en la región.

Sin embargo, el capitalismo verde se orienta hoy hacia soluciones de aprendiz de brujo. ¿Por qué? Porque la única manera racional de equilibrar la ecuación climática es intolerable para él. ¿En qué consistiría? Habría que decretar una movilización general, establecer un inventario de todas las producciones inútiles o peligrosas, de todos los transportes inútiles, y suprimirlos lisa y llanamente –sin indemnizar a los accionistas– hasta alcanzar la necesaria reducción de las emisiones. Ni que decir tiene que esta operación requiere medidas draconianas, en particular la socialización de los sectores de la energía y del crédito, la reducción masiva del tiempo de trabajo sin pérdida salarial, la reconversión del personal en las actividades útiles con garantía de renta y el desarrollo de servicios públicos democráticos.

El recurso sistemático a referencias científicas confiere a este discurso una apariencia de rigor, pero no hay nada de nada. En primer lugar, porque seleccionan las referencias, pero sobre todo porque hay un vicio de método. Podemos “apoyarnos en los dos modos cognitivos, que son la razón y la intuición”, como escriben Servigne y sus amigos. Pero con una condición: que la razón trate de abarcar tanto la destrucción antrópica del medioambiente, por un lado, como la responsabilidad concreta de la forma social histórica responsable hoy de esta destrucción, por otro. Sin articular estas dos vertientes de la realidad, cuantos más datos se acumulen sobre la destrucción, tanto más la pregunta planteada al público –¿Adónde le dice su intuición que nos lleva esto? – tendrá posibilidades de obtener la respuesta deseada: “Todo se hundirá”. Sin conciencia social, la intuición está sesgada, el razonamiento es circular y se practica la pseudociencia.

Por tanto, me parece importante que con vistas a estos sectores haya debate. En particular, creo que es crucial explicar que la visión de inspiración anarquista de un colapso del capitalismo que abra la vía a la sociedad autogestionaria basada en las comunidades locales no permite hacer frente a los desafíos globales de la transición. La complejidad de esos desafíos requiere una acción planificada. Soy totalmente partidario de las ideas de autogestión descentralizada, pero la transición exige tanto la centralización como la descentralización, la planificación y la autoactividad. La historia ha mostrado los riesgos terribles de degeneración propios de esta combinación de contrarios. Pero la burocratización no podrá evitarse proyectándose, más allá de la transición, en un futuro autogestionario sin Estado ni partidos… Hace falta un programa para combatirla.

Carlos Marx, debemos tener presente que pertenece a un pasado, hay otros teóricos de izquierda fundamentales, pero, América Latina debe cambiar para resguardar su territorio de los virus que los norteamericanos suelen aplicar en sus conquistas invasivas. Pero, los marxistas de hoy, son unos manipuladores de nuestra conciencia, basada en pura propaganda y pocos prestos al dialogo.

No digo que la naturalización de las relaciones sociales lleve inevitablemente a la regresión arcaica, sino que la favorece indiscutiblemente. Si no se identifica la gran responsabilidad histórica del capitalismo, ¿a qué podemos agarrarnos, ¿dónde está la salida posible? Para algunos, no hay ninguna; la Tierra sufre una enfermedad que se llama humanidad y no sanará hasta que sea eliminada esa raza. Es, por desgracia, la conclusión cínica de James Lovelock al final de su libro sobre la hipótesis Gaia, por ejemplo.

Claro que no debemos clasificar a los colapsólogos entre los cínicos. La salida, para ellos, sería psicológica: deberíamos pasar por una fase de duelo, redescubrir nuestro inconsciente colectivo y nuestros arquetipos, especialmente los arquetipos masculinos y femeninos, desaparecidos desde la prehistoria. Para ello deberíamos practicar rituales encaminados a reencontrar al salvaje que llevamos dentro. En suma, la clave del porvenir habría que buscarla en el pasado más remoto, de conformidad con las elucubraciones reaccionarias de Carl Gustav Jung. Esto es lo que entiendo por regresión arcaica. No obstante, esta cohabita con otras tendencias, como la ecoespiritualidad. La colapsología está atravesada de numerosas contradicciones.

A la vista de las decenas de años de inacción por parte de los poderes establecidos y de la correlación de fuerzas actual, cabe temer que se mantenga el statu quo, una situación en que las cosas siguen su curso y nada cambia. ¿Acaso hablar de colapsos para calificar las catástrofes que se derivarían de ello no refleja en todo caso cierto pragmatismo?

 

* Escrito por Emiro Vera Suárez, Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del Aragüeño

Se busca la unidad en el poder de la izquierda


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Emiro Vera Suárez (1229 noticias)
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