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Los encantadores de serpientes casi en el paro. Más de 300.000 del gremio perseguidos por la policía india

06/09/2011 05:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Desde la prehistoria hasta hoy, la serpiente ha sido un animal venerado y odiado. Hasta la Biblia la condena por la expulsión de Adan y Eva del paraíso. Hoy a los encantadores de serpientes se les prohíbe el oficio y también van a ser expulsados de su paraiso que es la India y Pakistan

Un reportaje que en su día publicó un corresponsal indio de la revista mexicana Geomundo nos ha dado la idea y muchos datos para escribir este complicado reportaje. El reportaje original empieza así

Gogol Vir, el Santo patrón de todas las serpientes era un alto sacerdote de un culto cuyas deidades eran conocidas como Nagas. Un día, una serpiente que estaba escondida bajo una puerta en la casa de Gogol Vir, le mordió a éste en la parte posterior de la cabeza y fue una herida mortal. Mientras agonizaba Gogol Vir le dijo a su hijo que cocinara y comiera su carne para que sus poderes mágicos pasaran a él pero apenas su hijo había preparado la comida siete ladrones penetraron en la casa y se la robaron.

La comieron entre todos y se convirtieron en maestros de la magia ganando poder sobre todas las serpientes que luego pasaron a sus hijos.

Esta es la improbable leyenda india sobre el origen de los encantadores de serpientes descendientes de Gogol Vir a través de los ladrones

No es corriente en la India poder asistir a una gran manifestación o demostración de los encantadores de serpientes pero nuestros corresponsales pudieron presenciar una mela (feria) de encantadores en Rajastán que no fue molestada por la policía. Allí aparecía el yogi Raj Bengali probablemente el más famoso encantador de serpientes de Oriente cuya maestría y fama pasan de país en país.

Pero también aparecía una mujer llamada Aasha, la mujer naga, la dama de las criaturas venenosas. La carpa en que actuaban estaba decorada con signos que hablaban de la bella Aasha y su fama reptiliana y en India aún las pinturas de las serpientes y Aasha reunen muchedumbres. En ese festival dentro de la carpa actuaron más de cien rajastanis con sus sillas colocadas en un círculo alrededor de una jaula oscura rodeada de cuerdas y llena de todo tipo de serpientes y escorpiones. Era una visión alucinante de ver a aquella mujer vestida con un satín rojo que levantaba la mano para meterla en la caja y colocarse alrededor del cuello y de los hombros indiscriminadamente serpientes y escorpiones.

Los escorpiones empezaban a subirse por su ropa y su cara con las venenosas colas al parecer listas para picar a cualquiera. No le picaron porque según Bengali estaba protegida por el poder de los dioses. La gente del público estaba inmóvil con los ojos llenos a la vez de terror y de la fascinación que ejercía la bella Aasha.

Aasha se puso frente a frente con una gran cobra, la tomó por el cuello y la meció con lentitud en círculos ondulando su cuerpo en forma idéntica a la serpiente casi pulsando al mismo ritmo que ella y manteniéndola derecha hasta que la serpiente se puso en el suelo. Entre las muchas leyendas extrañas que llevaron a la India los conquistadores macedonios desde la tierra de los cinco ríos las que se refieren a serpientes gigantescas son maravillosas.

Jean Philippe Vogel, profesor de sanscrito y arqueología hindú afirma en su libro “Sabiduría de las serpientes hindúes” cuenta muchas historias del conquistador Alejandro Magno a quien las serpientes respetaban y eso le dio facilidades en el aspecto bélico para conquistar parte de Asia.

Sherman y Madge Minton notables herpetólogos subrayan en su libro “Reptiles venenosos” que la adoración de las serpientes ha dejado registros tan antiguos como la prehistoria de los Dravidas antes de la invasión Ayran en el subcontinente indio en el año 1600 a.C., es decir que la serpiente y los que las dominan, han dominado siempre la India.

Desde hace siglos la serpiente ocupa un lugar privilegiado en la mitología, la literatura y la religión de muchos pueblos de nuestro planeta.

Son seres vivos vertebrados, pertenecen a la clase de los reptiles o reptilia, del tipo cordados. Los reptiles hicieron su aparición en el período carbonífero de la era Paleozoica, es decir, hace aproximadamente 280 millones de años. Posteriormente, en el Cretáceo superior, hace 135 millones de años, aparecen los primeros ofidios, orden que agrupa a todas las serpientes existentes sobre la tierra. De modo que se trata de animales que habitan la faz de la Tierra desde hace muchos millones de años.

Los egipcios, por ejemplo, las adoraban 800 años antes de Jesucristo. Eran consideradas sagradas, apareciendo esculpidos en báculos y ornamentos reales como símbolo de grandeza.

Pueblos orientales como China y Japón, así como diversas civilizaciones como la maya, azteca e inca, divinizaban también a este reptil convirtiéndolo en personaje central en sus ritos y ceremonias religiosas.

Y de la serpiente tentadora de la Biblia se han escrito miles de páginas. Para los hindúes, ese reptil ha sido, junto con la vaca, uno de los animales más venerados. Tanto, que habría que ir a buscar entre los antiguos brahamanes o sacerdotes el origen de los actuales encantadores de serpientes.

La religión judaica fue la primera en expresar abiertamente su rechazo a las serpientes, identificándolas como símbolo del mal. Sin embargo, ni todos los ejemplares son venenosos, ni atacan sin ningún motivo: sólo recurren al ataque cuando se sienten atacados. Asimismo, debido a que para algunas de ellas su dieta se basa principalmente en pequeños roedores, son de utilidad para controlar el crecimiento desmesurado de su población.

De rito religioso a espectáculo callejero aunque tan genuino como siempre

No obstante, lo que antes constituía un auténtico rito religioso, poco a poco se ha convertido en un espectáculo callejero.

No todos los oficios ambulantes han traspasado fronteras para convertirse en un fenómeno global: los encantadores de serpientes son un gremio que hoy vive únicamente en la India y algunos territorios de Pakistán. Ya no es una ceremonia de los rajastanis sino más bien un entretenimiento de turistas, una tradición en el subcontinente indio y de él dependen familias enteras que se han dedicado por generaciones a hacer bailar a esos reptiles para ganarse la vida.

No todo es tan fácil. Mejor dicho las cosas se has puesto difíciles. Una ley del parlamento indio de 1972 empezó a aplicarse con rigor hace poco y ha puesto a los rajastanis en aprietos. Ahora son perseguidos por la policía y hacen su trabajo en rincones escondidos de las ciudades, pues según la normativa no se puede tener a serpientes como “animales domésticos”. Sin embargo, cuando se sienten protegidos por multitudes levantan una enorme carpa y uno de los protagonistas aparece llevando docenas de cajas que colocadas sobre una mesa contienen decenas de pitones y hasta la "Cobra Rey" que solo puede manejar la mano del "wallah"

Por supuesto, la norma del gobierno es arbitraria para las familias que viven del oficio. No lo sería desde una ley protectora de animales en Europa. Las serpientes usadas para el encantamiento normalmente sufren en las manos de sus captores ratos severos en su manejo.

Las serpientes tienen unas características exclusivas y sobre ellas se han escrito multitud de historias y fantasías que las han convertido en seres aterradores para muchas personas. Pero lo cierto es que los ofidios no siempre son malignos y debido al tremendo atractivo que desprenden se han ido introduciendo en el mundo del animal doméstico, consiguiendo que los encantadores y sus familias, incluidos los niños, las consideren como uno más de su clan.

El problema de los encantadores es que, como pasa con los rebuscadores, no tienen otro medio de trabajo, ni tierras, ni educación. Actualmente reclaman más garantías para ser educados en otras áreas y recibir otros trabajos, sin mucho éxito.

De repente, esta forma de recreación turística dejó de ser un trabajo rentable y se convirtió en una causa para los defensores de animales y en un problema para el gobierno.

Las serpientes suelen provocar miedo a la mayoría de la gente pero para el joven Kumar Raju, de tan solo 12 años, el trato con ellas es sólo un día más de trabajo.

Encantadores de serpientes, una "profesión" en pie de lucha por sobrevivir

Los legendarios encantadores de serpientes de la India están en pie de guerra ante una ley que prohíbe tener como mascotas a estos reptiles, que constituyen el sustento de unas 300.000 personas en el país asiático.

Aunque la restricción de cazar o tener serpientes como "animales de compañía" se remonta a esa ley de 1972, no fue hasta unos pocos años que las autoridades empezaron a ser exigentes con su cumplimiento, y en los últimos meses el gobierno empezó a aplicarla con más rigor en diversas regiones.

Pero ya no es fácil ver a las grandes víboras danzar al ritmo de las notas hipnóticas de una flauta tocada por hombres vestidos con un colorido turbante, aunque los viajeros curiosos todavía pueden encontrar alguna... si tienen suerte.

En localidades turísticas de la India, como Jaipur o Rishikesh, uno se puede tropezar en la calle con un hombre o una mujer acompañado de un enorme cesto o un saco de lona que esconde a un perezoso reptil.

Pero los encantadores de serpientes ya no están visibles frente a los impresionantes monumentos - ofreciendo su espectáculo a los turistas importantes - sino más bien en sitios un poco escondidos, donde la policía no les pueda molestar.

De todas formas, nadie puede pasar por alto los servicios de estos personajes, muy populares en la India, que han sido requeridos para más de una ocasión "oficial", como cuando el presidente de Estados Unidos, George Bush, visitó Nueva Delhi en marzo de este año.

Bush tenía previsto ofrecer un discurso al aire libre en una explanada en el entorno del monumental Fuerte Rojo, de la misma forma que lo han hechos en el pasado otros presidentes norteamericanos que visitan el país. Todo iba sobre ruedas, pero alguien del FBI comentó algo del atentado y muerte de Gandhi (parece que había visto el film de… Ben Kensley) y sugirió se tomaran precauciones.

La serpiente es sorda y el secreto está en el sonido de su flauta que les llega como una vibración. El encantador es imprescindible en grandes ceremonias oficiales como la llegada de Bush

Y, para evitar que entre los invitados se colaran víboras y otras serpientes o escorpiones que normalmente campean a sus anchas en el área, se contrató a profesionales indios sapwalas para que limpiaran la zona.

No fue fácil evitar que alguno de ellos apareciera por el sitio donde el primer mandatario norteamericano iba a dar su discurso. Y se produjeron algunas escenas desagradables para la esposa del presidente norteamericano.

Todos estos tradicionales artistas callejeros suelen llevar con ellos una cesta con un par de serpientes naja dentro, un tumarit (flauta), y un morral que contiene algunas ratas y huevos, que son los alimentos que suelen darles a sus reptiles.

Sucede que la normativa india vigente prohíbe tener serpientes como "animales domésticos". De ahí la rápida desaparición de los encantadores, llamados "saperas". Su forma de actuar consiste en tocar la flauta después de haber abierto la tapa de la cesta. Las serpientes saltan fuera de su escondite, se yerguen majestuosamente frente al domador meciéndose con lentitud al compás de la música y los movimientos de su flauta. Las serpientes son sordas, pero al parecer captan ciertas vibraciones.

Algunos encantadores permiten que los ofidios se enrosquen alrededor de su cuello, aunque eso se da cada vez con menos frecuencia.

La más reciente campaña oficial ha sido la de las autoridades del estado de Orissa (noreste), donde se han incautado miles de serpientes que eran utilizadas por los encantadores, lo cual ha obligado al "gremio" a movilizarse para reclamar un medio de vida.

Gran parte de los afectados reclama compensaciones económicas a cambio de devolver sus serpientes, alegando que lo que ganan con el espectáculo es su único modo de vida. Ellos no poseen tierras, por lo que no tienen la opción de dedicarse a la agricultura. El gobierno tampoco les da ninguna alternativa, ante lo cual han pedido que, como última instancia, se les reeduque para otros oficios, y dejen de "encantar" serpientes.

Para la organización medioambiental Wildlife Trust of India (WTI), la aplicación de la ley que protege a los reptiles debe ir acompañada de medidas que garanticen el futuro de estos especialistas, que tienen conocimientos tradicionales muy útiles para otros ámbitos.

Plantean que es necesario proteger a las serpientes, pero al mismo tiempo poner en marcha programas de rehabilitación, y usar los encantadores para crear, por ejemplo, centros de rescate de serpientes.

A los de la Wildlife Trust of India les importa mucho el posible maltrato que los “wallahs” den a las serpientes, pero están tranquilos en ese aspecto. Los que viven de las serpientes, las aman. Terminada una actuación les dan de comer cuidadosamente con las provisiones que no olvidan. Quizás ese es el secreto de que no los muerdan jamás y dicen algunos de los encantadores que se debe a que las serpientes les respetan. Mientras que otros aseguran que se van inmunizando de niños inyectándose una pequeña cantidad de veneno. Y hay terceros que afirman que hacen a las najas morder cosas blandas para que dejen el veneno en ellas.

Sin ir más lejos, muchos granjeros y agricultores contratan a los “saperas” para limpiar sus campos de víboras, cobras y demás reptiles, pero cuando los granjeros las cazan les quitan los colmillos y el veneno, por lo que los animales no pueden sobrevivir en libertad.Y muchas víboras y cobras mueren. Pero son los agricultores y los de laboratorios farmacéuticos los que son más atacados. Quizás porque no las aman, las persiguen quieren su veneno y a veces lo tienen.

A la hora de morder a su presa, transmiten dos tipos de venenos: los protelíticos y los neurotóxicos. Los primeros actúan directamente sobre las proteínas presentes en las células, destruyéndolas de forma casi inmediata, dependiendo del lugar donde sean inyectados. Por su parte, los segundos provocan fallos pulmonares y cardiacos al actuar sobre los neuroreceptores.

La toxicología es la ciencia que estudia los venenos y los posibles beneficios y usos que éstos pueden tener en la sociedad. Por otra parte, diseñan también sueros antiviperinos, que actúan contra las ponzoñas de la gran mayoría de las serpientes venenosas del planeta.

Otra de las facetas que los encantadores de serpientes pueden aprovechar para salirse de la persecución es la musical, ya que las melodías que tocan con sus flautas es muy rica. Y desconocida de muchos folkloristas. Pero la condición de los encantadores es que no hay música, si el problema de la comunidad no se resuelve.

De todas formas, nadie puede pasar por alto los servicios de estos personajes, muy populares en la India, que son requeridos oficialmente cuando hay personajes oficiales de por medio como hemos dicho.

En la India hay oficialmente cerca de 300.000 encantadores, que para sus espectáculos utilizan unas setecientas serpientes al año, una cifra que todavía está muy por debajo de las que se emplean para fines comerciales, usando por ejemplo su piel para elaborar bolsos o el veneno para productos farmacéuticos. Ese es el eterno argumento de la Wildfund Trust.

Los encantadores de serpientes viajan por pueblos, aldeas y ciudades con la misma naturalidad con que viajan las ferias ambulantes, que aprovechan los días de fiesta de algún santo patrón y se ponen afuera de los templos. Su religión son las serpientes.

Cuando ofrecen su espectáculo a una población, el encantador de serpientes se sienta en el suelo y espera a que los curiosos formen un círculo a su alrededor. Sólo cuando éstos hayan arrojado una cantidad suficiente de monedas comienza el espectáculo.

Según se dice, la flauta es el único instrumento musical que agrada a la cobra macho (ejemplar preferido por los encantadores), porque su sonido es semejante al que emite la hembra.

Al no encontrar a su pareja y oir vibraciones, el reptil se yergue majestuosamente y se vuelve hacia su domador, meciéndose con lentitud al compás de la música y de los movimientos del tumarit.

Supuestamente, sólo los farsantes le quitan los dientes que inoculan el veneno. Los auténticos, en cambio, muestran al público los agudos colmillos de las cobras que utilizan.

El arte francés del exotismo de los encantadores de serpientes se inspiró en paisajes de París y no de Bombay

El arte no ha sido un buen vehículo para los encantadores de serpientes aunque lo intuyeran los pinceles de Jean-Léon Gérôme, Paul Désiré Trouillebert o Mariano Fortuny cuando imaginaron el exotismo sensual y onírico de Oriente. Iconografías sedientas de pipas de kif, odaliscas y encantadores de serpientes que, sin embargo, pronto quedaron reducidas a un reclamo turístico por un colonialismo prosaico, ávido de imágenes con las que ilustrar sus creaciones.

Tal vez por eso, Henri Rousseau fue más allá a la hora de evocar paisajes ensoñadores. El tardío artista se empapó del espíritu de sus antecesores en las Ferias Coloniales o en espectáculos como el mareorama que por aquellos años proponía el cartelista Hugo d’Alesi en la Exposición de París de 1900: un ingenioso artilugio con forma y capacidad de barco que permitía a los visitantes simular con todos los sentidos una travesía entre Marsella y Yokohama, contemplando los paisajes de Argel, Estambul o Singapur pintados sobre gigantescos lienzos en movimiento. Rousseau se emborrachó con aquel imaginario, pero sin embargo no quiso seguir la estela del buque.

En lugar de ello recolectó los elementos necesarios para crear su propio espacio idealizado… pero sin alejarse del Sena en el Jardín de Plantes, donde descubrió las más bellas especies vegetales de todos los confines, o en la “menagerie”, el zoo, ese albergue de fieras de París donde los animales más voraces conservaban su dentellada mortal tras las rejas de sus jaulas. Por eso, cuando Madame Delauny le pidió que condensara en imágenes sus experiencias por India y Egipto, de las pinceladas de Rousseau no surgieron las callejuelas de Calcuta o Bombay, ni el bullicio de los bazares de El Cairo que le relatara la viajera. Lo que tomó cuerpo en el lienzo fue la naturaleza exuberante y desbordada que había descubierto en sus paseos parisinos. Y en el centro, la silueta serena de la encantadora fortuny de serpientes, como una directora de orquesta poniendo orden en aquella sinfonía salvaje.

Dos grandes grupos desiguales de ofidios: los inofensivos y los que matan en pocos segundos

Se dividen en dos grandes grupos muy desiguales en lo que respecta al número de especies: los escolecofidios, con cerca de 260 especies, y los aletinofidios, con más de 2.400. Las pertenecientes al primer grupo son pequeñas, por lo que se denominan serpientes enanas. Carecen de veneno y viven en climas tropicales.

En el segundo conjunto se sitúan ejemplares de todas las tallas, desde los 20 cm. a los 10 m., adaptados a los más diversos modos de vida: terrestres, acuáticos, arborícolas y excavadores. Se caracterizan por poder engullir presas de tamaño mucho mayor al de ellas mismas, a diferencia de los escolecofidios. Las dos mandíbulas son diferentes entre sí y pueden separarse.

Las serpientes tienen unas características exclusivas y sobre ellas se han escrito multitud de historias y fantasías que las han convertido en seres aterradores para muchas personas. Pero lo cierto es que los ofidios no siempre son malignos y debido al tremendo atractivo que desprenden se han ido introduciendo en el mundo del animal doméstico, consiguiendo que nos familiaricemos más con ellos.

Existen diversos factores que convierten a estos reptiles en animales que requieren un cuidado especial. Hay alrededor de 2.600 especies de serpientes. Ocupan distintos hábitats en todos los continentes, incluso en regiones frías, exceptuando la Antártida, y todas ellas tienen sus costumbres, adaptadas a su lugar de procedencia.


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