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Personaje de novela de ficción, una mayoría de ingleses sigue creyendo que Sherlock Holmes existió

20/06/2016 04:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Un día, según la otra historia, a Conan Doyle se le ocurrió escribir una novela policial que resaltara los métodos deductivos de su héroe una invención suya genial. Y le llamó Sherlock Holmes. Su obra se titulo “Estudio en Escarlata” que apareció en el magazine “Strand” en 1857 ahora hace 159 años

 

Cuando el creador del detective Sherlock Holmes, Sir Arthur Conan Doyle, a principios del siglo pasado, cansado ya de tanto pensar para inventar nuevas aventuras, decidió matarlo literariamente a manos de su enemigo el Profesor Moriarty, los ingleses protestaron amargamente. Llovieron cartas al “The Times” y a los editores de la serie, porque los dos grandes detectives que le precedieron habían muerto con sus creadores.Y Conan Doyle no tuvo más remedio que resucitar a su héroe y ponerlo a trabajar, para descubrir nuevos crímenes o maridos desaparecidos o huidos.

Casi todos los que pasan por Londres, turistas o no, preguntan por Sherlock Holmes. La mayoría cree que existió y yo mismo no diría que no, porque este personaje logró hacerse un mito mucho más poderoso y concreto que un hombre real, si es que no lo era.

Ahora hace 159 años que el Dr. Conan Doyle “le dio a luz” a su Sherlock Holmes. Conan Doyle no era ningún inglés sino escocés. Nacido en Edimburgo en 1859 se graduó de medicina y tuvo como profesor a Sir Joseph Bell, al cual admiraba y observaba a diario. Al terminar la carrera ejerció la medicina en Southsea durante ocho años aunque sin mucha vocación.

Conan Doyle  escribió una novela policial para resaltar los métodos deductivos de su héroe que, en realidad, era una invención suya genial. Y le bautizó como Sherlock Holmes. Su obra se titulo “Estudio en Escarlata” que apareció en el magazine “Strand” en 1857 ahora hace 159 años. Aunque ya Edgar Allan Poe había creado el género en 1840 y  hasta Dickens había lanzado un detective en “The Moonstone”, el personaje de Sherlock Holmes barrió en las islas como una escoba a todos los detectives famosos.

 Edgar Allan Poe, quien vivió y trabajó en revistas de varias ciudades, Nueva York, Filadelfia, Baltimore, tuvo muchos personajes anteriores a los de Conan Doyle, muchos detectives en "Los Crímenes de la Calle Morgue", "El Corazón Delator", "El Gato Negro". Pero su afición al alcohol -y a las drogas (que compartía con Holmes), le llevaron pronto al fin.Pero el personaje de Sherlock Holmes barrió en las islas como una escoba a todos los detectives famosos, incluso los del inmortal Charles Dickens.

Entre las excentricidades, o más bien cualidades, de Sherlock Holmes, figuraba su asombrosa capacidad para el disfraz que comentaremos, o la maestría con que tocaba su Stradivarius a horas intempestivas. Le volvían loco las galletas, casi tanto como la cocaína, a veces, y el tabaco de su pipa curvada de tres cuartos. Como apicultor era un verdadero tesoro y propinaba unos puñetazos dignos de todo un campeón del cuadrilátero. Por cierto, que la afición al boxeo la compartía con el propio Doyle, quien además era un auténtico aficonado al rugby y al golf en sus años universitarios

¿Pero es cierta esta historia?. Porque hay una biografía  de William Sherlock Holmes que parece verdad o que es verdad porque está e la Enciclopeduia Británica.¿Como es el verdadero Sherlock Holmes?.Helo aquí, según "El Tratado Naval", aparte de las de  Edgar Allan Poe y la de Charles Dickens, que difieren en casi todo.

De nombre William Sherlock Scott Holmes, nació un 6 de Enero de 1854, en lugar desconocido. Descendiente de terratenientes; nieto de una hermana del artista francés Emile Jean Horace Vernet. Su hermano, de nombre Mycroft, siete años mayor, que ocupaba un lugar muy importante en el gobierno y residía en el Club Diógenes de Londres. El detective no mencionó ningún otro miembro de su familia en las aventuras. No se casó ni tuvo ningún descendiente.

Sherlock estudió probablemente en la universidad de Oxford, pero en ningún caso en Cambridge. Luego, se trasladó a vivir cerca del Museo Británico, en Montague Street, donde estudió  para poder desarrollar su carrera posterior. La idea de establecerse como detective le vino de su etapa de estudiante, dado que hasta entonces sólo había visto la observación y la deducción como un mero pasatiempo. Así, se convirtió en el primer Detective Asesor Privado del mundo.

En 1881 conoció al Doctor John H. Watson en el Hospital St. Bartholomew, de Londres, con quien alquiló unas habitaciones en el 221b de Baker Street, hasta su retirada de la vida profesional, tras 23 años de servicio activo, en 1904.

Comenzó su carrera de detective a los 24 años, en 1878. Pero fue en 1882 cuando se asoció con el Doctor Watson para trabajar. Sólo entre 1878 y 1889 investigó unos 500 casos de "importancia capital". Hasta 1891 se dedicó a desenmascarar la organización criminal del Profesor James Moriarty,   que acabó con la muerte de éste último. En 1894, tras tres años sin ejercer, volvióuelve al servicio, recibiendo la Legión de Honor ese mismo año por el arresto de Huret, el asesino del bulevar en París.

Entre 1894 y 1901 resolvió cientos de casos. Es en esta época Watson logró quitar a Holmes de su adicción a la cocaína. En Junio de 1902 rehusó ser nombrado caballero. Entre 1903 y 1904 empezó su retiro solitario en un pueblo de la costa de Sussex con vistas al Canal de la Mancha, revisando los registros de casos y destruyendo aquellos que pudieran comprometer a clientes de la alta sociedad. “La proximidad de la guerra con Alemania, sin embargo, hizo que pusiera su sorprendente combinación de habilidades prácticas e intelectuales al servicio del gobierno” ofreciendo mucha información falsa a los alemanes y logrando el arresto del espía prusiano Von Bork.Sherlock Holmes ha sido vencido más a menudo de lo que los lectores piensan. "He sido vencido 4 veces: tres por hombres, y una vez por una mujer".

Carácter y Constitución: Sherlock Holmes era una persona de carácter dual: “Nada le agotaba cuando tenía que trabajar, pero le daban ataques una y otra vez y podía pasarse días en el sofá del salón sin apenas pronunciar una palabra o mover un músculo, de la mañana a la noche”. Durante estos cambios de humor alternaba “la cocaína y la ambición, la somnolencia de la droga y la fuerte energía propia de su naturaleza entusiasta”. Luego le entraba una depresión aun mas profunda como resaca de los narcóticos, de la que sólo se le podía rescatar gracias a un caso. Además, era una persona agitada e impaciente, nerviosa y excitada, con una naturaleza curiosa y codiciosa que daba cierta importancia al orgullo, a la reputación, al respeto de sí mismo y a cierto  egoísmo.

No estaba entre la gente que coloca la modestia entre las virtudes. Parasu lógica, las cosas son lo que son, y subestimarse igual que sobrestimarse, eran alteraciones de la realidad. “Lo que se hace en este mundo importa poco. La cuestión es lo que se puede hacer creer que se ha hecho." Aunque deja el crédito de sus asuntos a la policía, le irrita la falta de reconocimiento de ésta. Se guarda siempre la posibilidad de actuar solo ya que la ayuda que encuentra exteriormente es  poco importante o pobre, y se interesa por  asuntos para ayudar a la Justicia y al trabajo de la policía. Aún así, tenía a veces tendencia a hacer su propia justicia para apaciguar una venganza personal. Unas o dos veces en su carrera,   reconoció y sintió que había cometido más mal descubriendo al criminal, que lo que había hecho el crimnal por su crimen. No dudó en utilizar métodos ilegales para una causa justa y a menudo se imagina que él podría ser un criminal muy eficaz si utilizara sus cualidades contra la ley, con lo que Scotland Yard estaba de acuerdo.

Le gustan las atenciones, la admiración y los aplausos. Su naturaleza fría, que no se preocupa de la gloria a los ojos del vulgar, se ve afectada por las alabanzas de un amigo. Le gusta impresionar a sus clientes por la exhibición de sus facultades y sorprender al que lo rodea. Como un artista, está en permanente representación.

El mismo Holmes se describe como un individuo muy poco sociable. Aparte de Watson, declara no tener amigos y no anima a los visitantes. Muestra una reticencia a establecer nuevas amistades y prefiere vivir en la soledad y el aislamiento. Pero fue en su actitud ante las mujeres y al amor en las que se mostró muy especal.  Sentía desconfianza por el sexo débil. Aceptó la hospitalidad de un amigo de Watson  cuando se enteró de que era soltero. "Nunca se puede confiar completamente en las mujeres; ni siquiera en la mejor de ellas." "Tengo demasiada experiencia para no saber que la gran intuición de una mujer puede resultar mucho más válida que las conclusiones de un razonador que procede por análisis”. “Aprecio mucho el instinto femenino”, pero  los dos casos que tuvo, fueron de mujeres en luto. En cambio, cuando quería, utilizaba maneras muy dulces con las mujeres y rápidamente se ganaba su confianza. Finalmente, la última palabra sobre este tema la tiene Holmes cuando declaró, en la primavera de 1897, que nunca Holmes jamás se ha declarado a una mujer

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En cuanto a su constitución, Sherlock Holmes era demasiado alto para pasar desapercidbido, delgado; de cara estrecha, frente amplia, pelo negro, cejas oscuras y gruesas. Tenía nariz puntiaguda, como la de un halcón; labios finos, firmes; voz rápida, alta, casi estridente. Ojos grises, penetrantes, que siempre adoptaban una “perspectiva introspectiva, de ver más allá”. Medía 1, 85 m, pero Watson decía que parecía aún mayor.

Rara vez consideraba el ejercicio por si mismo, pero estaba siempre “entrenándose”. Era un buen corredor; poseedor de una fuerza que resultaba difícil de creer. “Tengo una fuerza excepcional en los dedos”; y también una complexión de hierro, pocos hombres eran capaces de un esfuerzo muscular mayor. “Poseía una combinación de sentidos anormalmente aguda y una extraordinaria delicadeza de tacto”. En su retiro, algo afectado por brotes puntuales de reumatismo, empezó a nadar, sin embargo, poco o nulo conocimiento de deportes amateur. Baritsu (autodefensa japonesa); experto en boxeo; excelente espadachín; disfrutaba de la pesca en los deltas y estuarios cerca de Donnithorpe; conocedor de los clubes de golf; experto en esgrima de bastón.

Pero la nota que le distinguía de los demás detectives, convirtiéndolo en el más excelso de todos, era su gran conocimiento de la química y la física, sobre todo, su sorprendente capacidad de deducción para desenmascarar al asesino más hábil.Pues bien, esa especie de superman Holmes en la literarura de Conan Doyle sabemos ya  que fue el doctor escocés Joseph Bell House (1837-1911), a quien el propio Conan Doyle conoció en la Universidad de Edimburgo mientras estudiaba medicina a sus órdenes desde la misma fecha de su ingreso, en 1876.¿Se parecfe much al "verdadero Sherlock Holmes, suponiendo u existió?

Bell, o Holmes, como el usuario prefiera, fue un insigne precursor de la medicina forense que puso su portentosa capacidad de observación y deducción a disposición de los sabuesos policiales de Scotland Yard. Nada absolutamente, por insignificante que resultase a simple vista, pasaba inadvertido al examen minucioso de este individuo implacable y perspicaz. Desde la forma de caminar hasta la indumentaria o el modo de expresarse en inglés o guiñar un ojo, resultaban cruciales para trazar un perfil de un indviduo.

No en vano, el doctor Bell explicaba, incansable, a sus alumnos: "El estudiante debe ser adiestrado sobre cómo observar. Para interesarles en esta clase de trabajo, nosotros los profesores encontramos útil mostrar al estudiante cuánto puede descubrir un  uso de la observación entrenado sobre temas ordinarios como la historia personal previa, la nacionalidad y la ocupación o los gustos de un sospechoso". ¿No recuerdan acaso estas palabras a las que decía el mismo Sherlock Holmes a su inefable ayudante, el doctor Watson en sus conversaciones personales?

Como médico, el Dr Bell era un cirujano habilidoso que destacaba por los acertados diagnósticos que realizaba en los preopertorios y en las víctimas, tras un asesinato como los de las mujeres muertas por Jack el Destripador.Conan Doyle fue alumno suyo y ayudante en la atención a sus pacientes. Doyle se encargaba personalmente de dar la hora de cita a los pacientes tras una entrervista y hacer un resumen de cadas caso concreto.Dichos casos se trasladaban a veces a clases prácticas seguidas por un buen número de alumnos.

Cuando Conan Doyle le comunicó a su profesor la intención de crear al literario detective basándose en su capacidad deductiva,  Joseph Bell aceptó encantado. Incluso prestó ideas que, al parecer, el escritor llevaba o no a la práctica.Conan Doyle también tomó como base de inspiración al investigador Dupin, de EdgarAllan Poe. Antes de llamarle Sherlock Holmes, barajó otros nombres como Sherringford, pero prefirió el de Sherlock que era "un nombre afilado como la hoja de un cuchillo".Por si queda aún alguna duda sobre el increíble parecido entre Bell y Holmes, añadiremos que la célebre muletilla del detective a su ayudante de "elemental querido Watson"...», la solía emplear el profesor con sus alumnos durante sus clases en la Universidad de Edimburgo, para referirse a cosas que se le habían pasado al alumno

Antes que Holmes, hubo una novela policial en lengua inglesa, en que escribió hasta Charles Dickens

¿Hay más pruebas para concluir que Sherlock Holmes y Joseph Bell eran uña y carne en el ingenioso cóctel de realidad y ficción elaborado por el habilidoso doctor literario Conan Doyle? Desde que el doctor Bell supo que su antiguo discípulo Mr Doyle había construido a su protagonista tomándole a él como modelo,   no dudó en leer y prologar incluso alguna de sus muchas aventuras literarias. Bell era un héroe detectivesco en la vida real, como Holmes lo era en la ficción. Scotland Yard recurrió a Bell para que le ayudase a desenmascarar al célebre asesino en serie Jack el Destripador. No cabe duda de que Bell era un formidable genio de la deducción, ayudado por su experiencia médica, a quien la existencia de Holmes le enorgullecía en el fondo no sólo por verse retratado en él, sino sobre todo por sentirse inmortalizado.

En cuanto a su constitución, Sherlock Holmes era demasiado para pasar desapercidbido, delgado; de cara estrecha, frente amplia, pelo negro, cejas oscuras y gruesas. Tenía nariz delgada, como de halcón; labios finos, firmes; voz rápida, alta, estridente. Ojos grises, penetrantes, que siempre adoptaban una “perspectiva introspectiva, de ver más allá”. Medía 1, 90 m, pero Watson decía que parecía aún mayor.

Rara vez consideraba el ejercicio por si mismo, pero estaba siempre “entrenándose”. Era un buen corredor; poseedor de una fuerza que resultaba difícil de creer. “Tengo una fuerza excepcional en los dedos”; y también una complexión de hierro, pocos hombres eran capaces de un esfuerzo muscular mayor. “Poseía una combinación de sentidos anormalmente aguda y una extraordinaria delicadeza de tacto”. En su retiro, algo afectado por brotes puntuales de reumatismo, empezó a nadar, sin embargo, poco o nulo conocimiento de deportes amateur. Baritsu (autodefensa japonesa); experto en boxeo; excelente espadachín; disfrutaba de la pesca en los deltas y estuarios cerca de Donnithorpe; conocedor de los clubes de golf; experto en esgrima de bastón.

Tenía hábitos “frugales”, “siempre rozando la austeridad”. “La inactividad me agota completamente”, aunque a veces pasaba días enteros en la cama. “Aprecio gatuno al aseo personal” con una preferenca en el vestir. Normalmente vestido con tweedsconvencionales o levita, a veces se ponía un Ulster; llevaba bata en sus habitaciones. En el campo se ponía una “capa larga y gris para viajar” con un “gorro de viaje” con solapas y un cierre. Solía levantarse tarde “para aquellas ocasiones no poco frecuentes en que se quedaba despierto toda la noche”, en las que empezaba temprano en un caso, enérgico e inagotable, pasando días o incluso semanas sin descanso. La dieta, escasa en el mejor de los casos, la abandonaba cuando trabajaba. “Soy un cerebro, Watson. El resto es un mero apéndice”. El estado de salud “no era un asunto en el que se tomara el más mínimo interés.” Constitución enjuta y de hierro; sufrió un ataque debido a la postración nerviosa en primavera de 1887; se le ordenó descanso absoluto en marzo de 1897 debido al “constante trabajo duro y exigente, agravado, quizás, por sus propias indiscreciones ocasionales”.

Era un Bohemio. Practicaba el tiro al blanco en su salón con revólver  Le horrorizaba el hecho de destruir documentos. Guardaba sus puros en una caja redonda con carbón, su tabaco de pipa en el fondo de una babucha persa y su correspondencia sin responder bajo la cuchilla de una navaja de muelle clavada en medio del estante de la chimenea. Su increíble falta de cuidados, su predilección por la música a horas en que la gente está durmiendo, sus experiencias científicas en su casa tan extrañas como apestosas, el ambiente de violencia y peligro que la rodeaba hacían de él el peor de los inquilinos de Londres.

Cabe destacar la habilidad de Holmes para el disfraz: su expresión, su paso, su propia alma parecen modificarse con arreglo a cada nuevo caso. Poseía al menos cinco refugios en Londres donde podía maquillarse y transformarse a su manera. Entre los disfraces citados por Watson están: un vulgar vagabundo, un hombre conocido en el East End bajo el nombre de Capitán Basil, un joven fontanero llamado Scott, un viejo bibliófilo arqueado, un digno sacerdote italiano, un obrero francés mal afeitado, un parado o un viejo “sporting man”, una  mujer vulgar, un mozo de cuadra borracho, un clérigo no conformista, un marinero, un viejo oficial asmático de marina, un viejo fumador de opio y finalmente el espía americano de origen irlandés Altamont

Entre sus aficiones se encontraba el arte – pasaba mucho tiempo en las galerías de cuadros de Bond Street; “el arte en la sangre puede adoptar las formas más extrañas”. Se interesó por la miel de las abejas y granjas de miel en los South Downs. Estudió sobre el budismo de Ceilán (Hinayana)”. También estaba interesado en el lenguaje de Cornoualles, sobre el cual concibió la idea de que estaba vinculado al chaldeano, y que había derivado de comerciantes fenicios de estaño. Pasó algunas semanas en una gran ciudad universitaria realizando laboriosas investigaciones sobre cartas inglesas antiguas que, se dijo, llevó a sorprendentes resultados. Interesado en el estudio de motetes polifónicos de Orlando Lasso. Profundo y continuado interés en la Edad Media, realizando estudios especiales de las Representaciones de los Milagros, un Palimpsesto del siglo XIV, cartas inglesas antiguas, cerámica medieval, música medieval (especialmente Lasso).

Convicciones: Holmes era sensible a las ideas anticristianas de William Winwood Reade de las que recomienda la lectura del Martirio del Hombre a Watson. Estaba de acuerdo con Richter cuando dice “la primera prueba del tamaño de un hombre reside en la percepción de su propia pequeñez”. Se negaba firmemente a creer en lo sobrenatural y citaba a Charles Darwin y su evolucionismo. En su retiro definitivo, se dedicó a estudiar filosofía.

-No hay nada en que sea tan indispensable la lógica como en la religión -dijo apoyando su espalda en el marco de una ventana-. El buen razonador puede construirla igual que una ciencia exacta. A mí me parece que nuestra certidumbre suprema de la bondad de la Providencia está en las flores. Todas las demás cosas: nuestras facultades, nuestras ansias, nuestro alimento, son, en realidad, necesarios para nuestra existencia en primera instancia. Pero esta rosa constituye un extra. Su aroma y su color son un embellecimiento de la vida, no condición indispensable de ella. Únicamente la bondad da más de lo obligado, y por eso digo que de las flores podemos derivar grandes esperanzas. (El Tratado Naval).

Mi padre, en sus días jóvenes, admiraba a Sherlock Holmes porque era un detective “judicial” que mantenía como principio “la defensa de la Ley”. Y creo que Holmes fue uno de mis primeros grandes hombres en hacerlo sin violencia, torturas, juego sucio, y patadas en un interrogatorio como ocurre aquí y allí.

Aún después instalado yo ya en Londres, como si fuera un turista recién llegado, en nombre de Diaspora fui a lo que había sido la legendaria dirección de Sherlock “Holmes” en Baker Street naturalmente. Y me llevé una pequeña decepción porque había el edificio había sido convertido en hotel, con algunas fotos del héroe y muchos souvenirs, pero de "histórico" nada.

Pero, preguntando a mis compañeros de trabajo, llegué a un pub, cercano a la estación de Charring Cross que llevaba su nombre y mi visita se vio recompensada: el establecimiento estaba y estará dedicado al culto de Sherlock Holmes. Desde la primera aventura del celebre detective se han gastado en Inglaterra cerca de 500 millones de libras en sus novelas, los derechos sobre ellas. Ha habido versiones en 87 idiomas (incluidos el frison y el idioma vasco que superan en cifras a Shakespeare). Un inglés de cada tres, al comenzar el siglo, había leído a Sherlock Holmes y ha habido un centenar de adaptaciones al cine, la mayoría no muy felices, aunque algunas muy originales.

Cuando la ficción compite con la realidad: una mayoria de los ingleses creen que Sherlock Holmes existió

Cuando hay millones de personas en el mundo detrás de un personaje real o irreal popular por bueno o malo, éste termina convirtiéndose en un mito. Casi a diario tanto en el pub que lleva el nombre del detective, como en el museo de Sherlock Holmes, se vive un poco el ambiente en el que él vivió. Hay clubes que llevan su nombre en Australia, Japón, Hong Kong, Dinamarca, Suecia, Kenia y los Estados Unidos.

La celebre universidad de Stanford, California, suele celebrar seminarios sobre el detective. Editores británicos y norteamericanos se disputan las reediciones sobre todo de “Estudio en Escarlata”.

En la sede de “Irregulares de Baker Street” Nueva York, Meter Blau preparó “en la serenidad” hace 40 años su centenario. Se trataba del club más antiguo de Sherlock Holmes y algunos esperaban que, aunque fuera en espíritu, el detective ingles estaría presente. “Debo afirmar –declara Meter Blau- que Sherlock Holmes se ha convertido en el personaje literario más popular de todos los tiempos compitiendo con los de la Biblia”.

Sin atrevernos a decir tanto, lo cierto es que el personaje de Conan Doyle sigue siendo tan misterioso, apasionante e imposible de aprehender como hace 150 años. La gente de cierta edad en las islas odia compararlo o que le comparen a James Bond, aunque este fuera Sean Connery, escocés. “Se trata de un tipo humano que se conducía siempre como un gentleman (aunque esa palabra se suele usar de forma peyorativa para llama precisamente a un granuja).

Pero lo que queremos decir es que era alguien que jamás hacía juego sucio y su palabra valía oro. No trataba a sus contrarios con violencia (de ahí su desaparición ante Moriarty), "ni intentaba recuperar bombas atómicas perdidas para usarlas de nuevo”, dijo Meter Blau en su centenario, no llevaba revólver al cinto, como los policías hoy, le horrorizaba el uso de a fuerza contra los sospechosos y antisociales y prefería morir antes que maltratar a una dama

En una típica encuesta casi delirante publicada en Inglaterra, se da lugar a una información con un titular impactante, decía que uno de cada cuatro ingleses cree que Winston Churchill jamás existió. Lo cual resulta llamativo tratándose del político más célebre de la Gran Bretaña. Sin embargo, un detalle menor de la encuesta realizada por el canal UKTV Gold da que pensar a los que leen o tratan con libros: casi la mitad de los 3.000 consultados en la encuesta cree que Ricardo Corazón de León es sólo un personaje de novela, mientras que el 70% está convencido de que Sherlock Holmes realmente existió.

La primera reacción es la de reirse ante la necedad de los ingleses pero, si pensamos sobre ello: ¿de quién tenemos una imagen más sólida, de Ricardo Corazón de León o de Sherlock Holmes? Porque cualquiera que visite Londres podrá encontrar el el 22 B de Baker Street la oficina de Holmes, y verá su gorra y su pipa en el lugar en el que los dejó. ¿Un montaje? Quizá, pero no lo parece la nota colgada en la puerta, fechada en 1888, alertando sobre los asesinatos en Whitechapel. Esos asesinatos ocurrieron. ¿No fue Jack el Destripador un criminal en serie real? ¿Pero qué sabemos de él? Muchos recuerdan una aventura en la que Sherlock Holmes trataba de identificarlo pasra detenerlo, o la ha imaginado alguien? ¿Qué hay de ficticio en el destripador real y en el detective ficticio?

Sin embargo, a Ricardo Corazón de León es más difícil seguirle la pista. Sin duda se oculta en tomos de historia y novelas históricas, o en You Tube, o ha dejado una débil huella en las ruina de la vieja Europa. Pero lo más frecuente es asociarlo a la leyenda de Robin Hood. ¿Y Robin Hood? ¿Fue un personaje real, un bandolero sajón que se enfrentó al poder normando? ¿O ese es otro, y el verdadero Robin Hood es el que han encarnado Errol Flynn, Kevin Costner, un personaje de Disney y una teleserie para adolescentes de hoy?

Por mucho que eso ocurra con encuestas hechas en el Reino Unido no creemos que haya motivos para reirnos de los ingleses. Sería interesante hacer una encuesta en España, por ejemplo, y descubrir cuánta gente cree que El Cid Campeador es pura ficción frente a los que opinan que el Quijote está basado en un hecho real.

Por supuesto, no vale disculpar la ignorancia. Es alarmante que alguien con un mínimo de enseñanza elemental no sepa si su político más importante del siglo XX, el que salvó a Inglaterra en su hora más difícil, Winston Churchill, fue real o un invento. Pero  las confusiones entre realidad histórica y literatura quizás cada vez más una encuesta en vez de arreglar la verdad histórica la empeoran. Es el síndrome quijotesco que la gente lleva dentro, y que por mucho que sepamos disociar nos acaba exigiendo adecuar la realidad a nuestras ilusiones.

En la crónica del "Viaje a la Tierra de Don Quijote" que escribió Rubén Darío en 1905, tercer centenario cervantino, el excelso poeta intentaba convencernos, convenciéndose a sí mismo, que él había visiado la casa del bachiller Sansón Carrasco, que había hablado con el cura y el barbero, y hasta que había encontrado el cepo al que estuvo atado nuestro héroe.

 

 


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