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06/12/2019

Ya es hora de dejar de lado los prejuicios y las emociones, y plantearnos de manera racional las consecuencias de la legalización de las drogas

 

 

El extendido consumo de drogas ilegales es una realidad la cual no podemos obviar. Según el Observatorio Europeo de las drogas y las toxicomanías el negocio de la cocaína está en alza. Siendo España, el cuarto país de la UE que más consume tanto cannabis (17, 1%) como cocaína (3%) en la franja de edad de entre 15 y 34 años. Además, debido a su localización,   España es la puerta de entrada tanto de cocaína como de hachís de toda Europa. A nivel internacional, nos encontramos con datos incluso más preocupantes, se calcula que en México el 75% de los homicidios están relacionados con el narcotráfico o que en Estados Unidos más de 175 personas mueren al día por sobredosis . Algo está claro, las drogas tanto legales como ilegales son un bien muy demandado por la sociedad y producen una gran rentabilidad tanto a sus productores como distribuidores de la misma. El dinero es poder y los grandes narcotraficantes tienen mucho dinero. Pablo Escobar, el ya célebre narcotraficante colombiano, fue capaz de poner en jaque al estado de su país.  La rentabilidad del negocio del narcotráfico coloca a los bandidos más hábiles en posiciones privilegiadas que les dotan de la posibilidad de desestabilizar incluso un estado. Parece que la ilegalización de estas drogas no ha tenido los efectos esperados, por lo que intentaremos explorar otra vía que esta cojiendo peso en el debate social en los últimos tiempos: La legalización. Para ello comenzaremos exponiendo las posiciones y los argumentos más robustos desde un punto de vista económico-moral, tanto a favor como en contra.

 

 Son muchos los economistas que se han pronunciado acerca de este debate, haciendo un análisis de la política sobre las drogas, que aunque con pequeñas diferencias, es sustancialmente la misma al menos en los países desarrollados. Comencemos pues con la postura de Milton Friedman, uno de los economistas más influyentes del siglo XX.  Aun siendo economista, reconoce que el enfoque económico es secundario en esta cuestión, más bien se trata de un problema moral. Suscribe la concepción del estado que dio John Stuart Mill en “Sobre la libertad”, esto es, que el estado debe evitar que los individuos se dañen entre sí. No le otorga ninguna legitimidad al estado para controlar las decisiones individuales, siempre que estas no afecten a otros. Además, considera que la legalización tendría más consecuencias positivas que negativas. Al legalizar las drogas su mercado se legaliza y se liberaría, acabando así en gran medida con el mercado negro debilitando de manera significativa a los cárteles y mafias (Friedman, 1991). Por otro lado, la droga en sí misma sería menos lesiva ya que, una vez legalizada, esta tendría que pasar por ciertos filtros de calidad como otro producto cualquiera, evitando así el incremento de peligro que produce la adulteración, el Cato institute estimó que 8 de cada 10 muertes por el consumo de drogas se debían a la mala calidad del producto. Sin embargo, Friedman  reconoce que probablemente el consumo incrementase. La competitividad y el incremento de oferta en el mercado de las sustancias psicoactivas haría que su precio descendiese, y a menor precio mayor demanda (Friedman, 1991). Esta posibilidad es bastante clara y es probablemente el argumento más utilizado en contra de la legalización de las drogas. Aunque lo cierto es que la demanda de las drogas es bastante inelástica. Un estudio del Banco Mundial estimó que si el precio de la Cocaína descendiese en un 80% sólo se incrementaría su consumo en el 1, 1% de la población de Estados Unidos.

 

La guerra contra las drogas es una guerra contra personas adultas que, de manera voluntaria, han decidido consumir ciertas sustancias las cuales el estado considerara que no se pueden consumir debido a sus internalidades negativas, ya que estas, además de muy adictivas, son muy dañinas también. Aunque se supone que es una postura con buena intención, se puede apreciar cierto peligro en que el estado coarte las libertades individuales incluso cuando estas no afecten a terceros, e incluso que se justifique diciendo que lo hace por tu bien. Además estos criterios no se aplican de una manera coherente, la droga que más muertes provoca es el tabaco seguida del alcohol,   drogas legales, frente a cero muertes provocadas por el cannabis, droga ilegal. Aun así, el fundamento para legitimar la prohibición de ciertas drogas sigue siendo la peligrosidad intrínseca a su consumo. No obstante, la prohibición no elimina su mercado, y mucho menos su consumo. Si bien es cierto que al prohibir un producto su precio incrementa considerablemente y por lo tanto la demanda disminuye, a su vez surgen mercados negros con sus negativas consecuencias que también han de ser tenidas en cuenta. A juicio del profesor de Harvard Jeffrey Miron esto debe de ser clave en el debate, ya que muchas veces se tiende a valorar únicamente el daño que producen las drogas por sí mismas sin tener en cuenta  también el daño que se deriva de la prohibición.La imposibilidad de resolver los conflictos de los consumidores y productores acudiendo a un juzgado deriva en violencia, incrementa la corrupción ya que esta es necesaria para sostener de manera efectiva el mercado y, como hemos comentado con anterioridad, el producto no está sujeto a controles de calidad lo que agrava su peligrosidad (Miron, 2013). No hay lugar a dudas de que el músculo financiero que las narcoguerrillas consiguen obtener mediante el narcotráfico es realmente peligroso para la sociedad. El profesor Robert Barro considera que la legalización es la única manera de hacerlas vulnerables y, en definitiva, acabar con ellas. Al poner fin del monopolio de los cárteles en el mercado de las drogas su músculo financiero disminuye drásticamente lo que facilita que las autoridades los desarticulen (Barro, 2000). Lo mas probable seria que enfoquen su actividad delictiva en otras actividades, pero difícilmente estas actividades serían tan rentables como el narcotráfico, y por lo tanto estarían más inermes. Además, la prohibición impide poder recaudar impuestos sobre esos productos, el mismo profesor Miron estimó que sólo en estados unidos se podrían recaudar 85.000 millones de dólares al año (Miron, 2013), impuestos que se podrían utilizar para tratar a los más dañados por el consumo de drogas o para poner fin a esos cárteles, entre otras cosas.

 

“¿Qué ha logrado la Guerra contra las Drogas?” (Thornton, 2014), se pregunta el economista Mark Thornton,   “ No ha reducido el acceso a las drogas ilegales. No ha reducido el uso o abuso de las drogas. No ha reducido la tasa de adicción. Si ha pasado algo, las tasas de uso, abuso y adicción, han aumentado a lo largo del siglo pasado.”(Thornton, 2014). La prohibición no ha conseguido su cometido. La guerra contra las drogas no se ha enfocado de la mejor manera, es más, ha fracasado, como reconoció la Comisión Global sobre política de drogas en un informe de 2012. Todos estaremos de acuerdo en que las drogas han destruido miles de vidas, quizás sea por eso que la gente tienda a enfrentarse a este debate desde una manera emocional en vez de racional. No se trata de banalizar sobre el peligro que podría acarrear el consumo desmesurado de una sustancia como la cocaína o la heroína, más bien se trata de analizar los pros y los contras que surgieron una vez prohibidas esas sustancias. La política prohibicionista no ha conseguido su cometido y, sin embargo, ha contribuido significativamente a alimentar otros problemas. Problemas que a su vez producen costes, ya sean económicos o sociales, por lo que parece que ha sido peor el remedio que la enfermedad, y más si tenemos en cuenta que remedio ni siquiera ha conseguido acabar con la enfermedad. De los pocos aspectos positivos que tiene la prohibición es que el precio del producto sube, y por lo tanto la demanda baja, no obstante, para lograr el mismo fin hubiera bastado con inflar el precio mediante impuestos. Por lo que, no parece que la prohibición haya traído consigo nada significativamente positivo de manera inherente a ella. Si bien es cierto que el objetivo seguramente estuviera cargado de buenas intenciones, pero ese objetivo ha creado incentivos aún más perjudiciales.  Del mismo modo que Al Capone era el más interesado en que siguiera en vigor la ley seca, los narcotraficantes son realmente los interesados en que siga la prohibición, son únicamente ellos los que se benefician de esta ley, no lo son ni los consumidores ni la sociedad. Sólo cuando comprendamos que la prohibición no beneficia en absoluto a los adictos podremos poner en marcha mecanismos más eficientes para ese cometido. Dejando de darles un trato de criminales y dándoles un trato de lo que son, enfermos. Gary Becker, premio Nobel de economía, veía esta postura la más efectiva. Una parte de los impuestos recaudados podrían estar destinados a campañas preventivas o a mejorar tratamientos, lo que, aplicado eficientemente, mejoraría notoriamente la situación de los adictos (Becker, 2013).  Dijo Thornton, “ El hecho de que más gente vea la solución para el adicto no en mercados ilegales, precios altos y amenazas de encarcelamiento, sino en educación, tratamiento médico, consejo y presiones sociales, significa que es posible que podamos ver terminada durante nuestras vidas toda la Guerra contra las Drogas.” (Thornton, 2014) 

 

En definitiva, la legalización, o la abolición de la prohibición,   no trata en ningún caso de alabar las drogas y olvidarnos de la noche a la mañana de sus posibles dañinas consecuencias. Más bien trata de ejercer mayor control sobre ellas, y con más recursos para ello. Sería arrebatar a las bandas criminales su principal fuente de  ingreso y que esos ingresos fueran destinados, en última instancia, a la mejora de la sociedad. No para proteger los intereses de esas bandas criminales mediante violencia y corrupción como sucede a dia de hoy. Una vez analizados los dos posibles escenarios nos daremos cuenta de que ninguno es perfecto, pero que el escenario sin la ilegalización es manifiestamente menos lesivo para el conjunto social en todos los ámbitos.

 

Bibliografía:

 

 

 

 

-Barro, R. 2000. To Beat Colombia’s Guerillas, Legalize Drugs in the U.S. Business Week. Recuperado de

https://scholar.harvard.edu/barro/publications/beat-colombia’s-guerillas-legalize-drugs-us 

 

-Becker, G. 2013.Alternatives to the war on drugs . Recuperado de https://www.becker-posner-blog.com/2013/05/alternatives-to-the-war-on-drugs-becker.html 

 

-Friedman, M. 1991. Friedman y Szasz sobre la libertad y las drogas. Foro americano sobre drogas.

 

-Miron, J. 2013.Legalizing Drugs Suits Ideal of American Freedom.Spiegel.Recuperado de  https://www.spiegel.de/international/world/harvard-economist-jeffrey-miron-on-why-drugs-should-be-legalized-a-886289.html .

 

-Thornton, M. 2014. The War on Drugs Was Born 100 Years Ago. Mises institute. Recuperado de https://mises.org/library/war-drugs-was-born-100-years-ago .

 

 

 

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