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05/06/2012

Por mucho tiempo fui la envidia de mis amigos y familiares, mi BB y yo éramos inseparables, a tal punto que sin darme cuenta me entregué en cuerpo y alma a ella

Por: Javier Forero

Realmente es difícil para mí narrar cómo fueron aquellos momentos, una mezcla de sentimientos invaden mi mente al recordar cuando la tenía en mis brazos, ese primer encuentro memorable que sutilmente dibujó una sonrisa en mi rostro. El sudor recorre mi cuerpo de pies a cabeza y mi corazón toma un ritmo desenfrenado en el momento en que me dispongo a escribir estas líneas, pero debo abrir mi alma a ustedes y sincerarme con mi propia memoria para relatarles mi relación de amores y desvaríos con la BB.

Todo empezó en la navidad de 2010, cuando, por mi supuesto rendimiento académico, mis padres accedieron a regalarme un celular que mantuviera una buena comunicación entre ellos y yo durante mi nueva etapa universitaria. Fue amor a primera vista, la vi a lo lejos, modelando sus atributos en una resplandeciente vitrina de un almacén de cadena. Supe que era ella con la que siempre había soñado, mis amigos me habían hablado maravillas de sus virtudes y profesaban un profundo amor por sus BB´s. Fue a partir de allí, desde ese primer contacto y luego de escuchar su melodioso timbre, que inicié mi idilio con una de las hijas más populares de la familia RIM, la BB 8520.

La luna de miel fue romántica, éramos el uno para el otro, pasamos días enteros juntos y noches en vela. Ella me permitía todo, podía comunicarme con mis amigos por chat, me mantenía al tanto de mis correos electrónicos, actualizaba constantemente mi facebook, enviaba mensajes multimedia, escuchaba mi música favorita... ah y también llamaba a mis padres.

Por mucho tiempo fui la envidia de mis amigos y familiares, mi BB y yo éramos inseparables, a tal punto que sin darme cuenta me entregué en cuerpo y alma a ella, despertaba en medio de la noche solo para constatar que todavía estaba conmigo, al levantarme mi primer pensamiento era la BB, abandonaba el murmullo exterior para internarme en sus inalámbricas conexiones y sus innumerables notificaciones. Desde que nos conocimos emprendí un viaje de ventana en ventana, extendiendo mis "redes" virtuales, que a su vez debilitaban mis "redes" reales.

Pero depronto todo empezó a cambiar, ella fue perdiendo su brillo con el paso del tiempo y la relación se iba deteriorando. La exclusividad de tenerla se esfumó totalmente, la BB se reprodujo con rapidez y la prole se extendió por el mundo entero. Su mayor atributo, el Blackberry Messenger (BBM), se tornó monótono y aburridor, además que fue replicado por otros dispositivos.

Fue amor a primera vista, la vi a lo lejos, modelando sus atributos en una resplandeciente vitrina de un almacén de cadena

El tormento se agudizó con los problemas en la familia RIM, las conexiones fallaban constantemente, la navegación se hizo lenta y el BBM duraba hasta dos días sin funcionar. El peor episodio en nuestra relación lo vivimos el pasado 13 de enero, el servicio se cayó totalmente y duré más de un día entero sin comunicación alguna, realmente nunca olvidaré la forma en que se deslució mi BB. Ella hacía lo posible por mejorar, me ofrecía nuevos servicios, por momentos mejoraba su conexión, ofrecía nuevas aplicaciones e inclusive recibí una rebaja de mi operador de telefonía por las molestias ocasionadas, pero nada parecía mejorar nuestro idilio.

Más bien las cosas iban peor, pues un día en medio de una reunión en la universidad y llevando a cuestas mi deteriorada relación, le puse los "cachos" a mi BB. El causante de esta traición fue un ser extraño, pero muy atractivo: no tenía teclado, funcionaba de forma táctil, contaba con una pantalla amplia y de gran resolución y la navegación era más amigable. Además de chat, servicio de correo, navegación web y todo el paquete multimedia, me ofrecía videollamada, un gran respaldo de su creador (Apple) y una interface muy atractiva. Fue así como conocí al iPhone. No le dije nada a mi BB, pero mis ojos se depositaban en otro artilugio.

Nuevos dispositivos fueron apareciendo en el mercado, nuevas aplicaciones, nuevos juegos, mil maneras de navegar, conexiones cada vez más eficaces y la BB se veía opacada, sus intentos por llamar mi atención resultaron en vano. Nos dimos un tiempo para ver si existía una segunda oportunidad, pero la ruptura era inminente.

La sentencia estaba echada, otro fallo más y terminaba nuestra relación. Infortunadamente este no tardó en aparecer y la dejé, a pesar de que me daba mucho temor abandonarla, yo necesitaba nuevos aires. Era una decisión tomada, mi idilio con la BB había terminado.

Si bien fue una decisión trascendental, hoy agradezco haber dado ese paso, no valía la pena seguir con ese tormento que nos hacía sufrir a los dos. Aún no he adquirido otro equipo, creo que voy a tardar un buen tiempo en enamorarme de nuevo, pero he vuelto a ser el dueño de mi propia vida, mientras veo como todo mundo sufre con su BB y la familia RIM, que ya está agonizante en el universo tecnológico.

El mundo real me da una gran oportunidad para olvidar ese sistema esclavizante y efímero, en el que las conexiones se truncan con el molesto #ERROR y las relaciones se rompen con tan solo un delete.

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