El apego tiene mucho que ver con el aprendizaje del comportamiento social, ya que sin él no se da la empatía, ni la amistad, ni ningún tipo de afecto hacia los que le rodean. La persona con la que el niño establece la conducta de apego suele tener una notable influencia en el comportamiento futuro del niño, puesto que por el lazo afectivo que entre ellos se establece acaba por ser la persona mas observada, mas imitada de todas las que están en el entorno del niño.
Por todo ello, se comprueba que la conducta de apego resulta fundamental en el desarrollo del niño. Desde esta perspectiva, de la psicología evolutiva se puede afirmar que los celos infantiles surgen precisamente ante las amenazas, (erróneas o no), que el niño percibe respecto de la vinculación afectiva con su madre.
Si el apego y los vínculos afectivos entre el niño y su madre se rompieran, como consecuencia de la llegada de un hermano, las consecuencias que sufrirá el niño potencialmente celoso seria:
1.- Perdida del apoyo afectivo.(contactos físicos y psíquicos) que hasta entonces tenia.
2.-Desvalimiento ante cualquier amenaza de su salud física o psíquica.
3.- Instalación en una nueva situación caracterizada por la desconfianza, la inseguridad, y el descontento, al no disponer de la constante atención protectora de sus padres.
4.- Renuncia a continuar sus exploraciones descubrimientos de la realidad, al sentirse inseguro ante lo desconocido y no disponer de los gestos de aprobación de sus padres.
5.-Privación del abundante y variado flujo estimular ( contacto visual, emisión de sonidos, y todo lo que constituye la interacción reciproca con sus padres), al filo de lo que se comunica en cada uno de los determinados contextos, que el niño recibe de su familia.
6.- Dificultades en la comunicación y en las estrategias que debe aprender para expresar lo que necesita, para responder a lo que se solicita, etc...
7.- Perdida del modelo que hasta entonces se había identificado, (madre) así como insatisfacción o frustración de cualquier deseo de hacerse semejante a él, lo que constituye una disminución de la conducta de imitación y una grave dificultad para interiorizar las normas y los valores, es decir el desarrollo social
La manifestación directa e inmediata del comportamiento celoso, se inscribe en el ámbito íntimo de la afectividad del niño, que es mas difícil de identificar, observar y apresar por los adultos.
Los celos: vistos desde diferentes enfoques y autores.
Según Kanner en su libro de psiquiatría infantil, estimulan en el niño el enojo, el odio, los sentimientos de inferioridad e influyen en la conducta de los adultos hasta el punto de mantenerlos en antagonismo con el ambiente.
Los celos son esa desagradable sensación producida por lo que estorba, es un obstáculo en los esfuerzos que realizamos para lograr un objeto querido. Dada su característica, esta emoción trae consigo:
a) Descenso de la propia estimación.
b) Humillación y vergüenza.
c) Serias dificultades para la adaptación social.
Los celos pueden entenderse como la respuesta normal a una a una sospechada y actual amenaza o una actual perdida de afectos que es dolorosa para el niño y que suele ser el fundamento de una experiencia desajustada. La experiencia del niño se basa en la perdida del amor materno que, por la falta de sentido de la realidad que el niño tiene a esa edad que se ha constituido previamente como un amor posesivo.
Otra característica de los celos, es que los niños suponen que ese afecto es y debe ser exclusivo, así como ilimitada la posesión del amor de la persona, respecto de la cual se teme esa perdida.
Otra de las característica de los celos, es la suposición, de que el afecto materno es y debe ser exclusivo, así como ilimitada la posesión de amor de la persona, respecto de la cual se teme esa perdida.
A través de ese modo de comportarse, el niño celoso, pone en peligro aquellas relaciones emocionales, que precisamente mas quisiera proteger o salvaguardar mejor.
Al estudiar el comportamiento celoso desde la perspectiva de la psicología cognitivista, parece que para que surjan los celos es necesario previamente que se perciba como amenazada una relación afectiva. La presencia de este ingrediente permite vislumbrar la importancia que puede tener el compromiso de la dimensión cognitiva en la génesis, naturaleza y evolución de los celos.
Si atendemos a la evolución de los celos, observamos que en ellos no suele faltar la afectividad, entendida como apego en los niños, además de la hostilidad y agresividad, a la que en los adultos se añade la sexualidad. Esto nos hace suponer como participa el sistema nervioso en los celos, el sistema límbico y los lóbulos frontales están fuertemente comprometidos a juzgar por los ingredientes que componen tal patrón de conducta.
Los celos constituyen un afecto trastornado, es en este caso cuando podemos hablar de los celos patológicos, que necesitan un tratamiento.
Los celos no llegan nunca a constituirse como un rasgo de personalidad, ni como una reacción consistente y estable, que se manifieste por un patrón fijo de comportamiento, cualquiera que sea el niño que los sufre o el contexto donde aparece.
Los celos se expresan siempre de una forma muy versátil, en función de ciertas variables relativas a la personalidad, el contexto social, la historia biográfica del niño, además de otras fuentes de variabilidad de tipo familiar y ambiental.
El sentimiento celoso es un afecto que se alimenta a si mismo: cuanto mas atención se le preste más vigoroso se vuelve en su crecimiento y, en consecuencia mas aumenta la necesidad de satisfacerlo.
Los celos constituyen el sentimiento más privativo y con una resuelta vocación a ser custodiados en la intimidad del niño. Esto significa que cuando se sospecha de un comportamiento celoso en un niño, hemos de sospechar que un poderoso conflicto se esta fraguando en su intimidad.
El niño celoso silencia su dificultad que no comparte con nadie, y se aísla sin que con ello encuentre una solución para su problema.
Los celos infantiles también podríamos definirlos como: aquel estado afectivo transitorio o perdurable, que se siente de un hermano o de un compañero de parecidas características de edad, y que es consecuencia de un defecto de un modo de querer a los demás, como algo, y no como alguien, y de forma exclusiva.
Evitar: ( En la medida de lo posible)
· Los gritos y las descalificaciones.
· Las atenciones y dedicación excesivas.
· Privilegios a unos hijos frente a otros.
· Comparaciones entre los diferentes hijos.
· Intromisiones en los conflictos de los hijos y tomar partido en ellos (siempre que no haya agresión).
· Atenciones y recompensas al "chivato".
· Comentarios de vecinos, amigos y familiares haciendo comparaciones de vuestros hijos.
· Un trato irónico, o risa y burla ante conductas inadecuadas.
· Que el hijo mayor deba asumir en todo momento la responsabilidad del cuidado del hermano menor.
· La competitividad entre hermanos.
· Tomar en cuenta las conductas propias del niño (impropias de la edad).
Consejos y orientaciones para las familias ante la llegada de un nuevo hermano u hermana:
· Hacer partícipe a los hijos de las tareas que conlleva la llegada de su hermano: - Preparar la cuna y habitación, adquirir la ropa...
- Valorar a los hijos tras la realización de estas tareas; más por la actitud que manifiestan que por el resultado final.
· Resaltar la importancia de tener hermanos y de la felicidad que esto comporta en el juego, en las labores diarias, en la alegría de la casa y de las reuniones familiares...
Si los padres transmiten seguridad y afecto, los celos irán dando paso a una relación amistosa entre hermanos. La cooperación de todos y un clima familiar donde se dan oportunidades para participar, contribuirá a que la rivalidad entre hermanos vaya disminuyendo progresivamente.