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Las protestas contra el confinamiento se extienden de la mano de extremistas, conspiranoicos y opositores

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21/05/2020 06:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Las Caceroladas españolas contra el Gobierno por su gestión de la crisis del coronavirus no son la única protesta en el mundo por las imposiciones derivadas del confinamiento. Ahora que las restricciones de movimiento empiezan a levantarse, marchas anticonfinamiento o de denuncia por los estragos económicos de la pandemia se replican desde Alemania a Chile, de Reino Unido a Estados Unidos y de Polonia a Chile o Bolivia.

Rubén Díez, profesor de sociología de la Universidad Complutense de Madrid, sostiene que "hay protestas en diferentes lugares, porque se comparten problemas comunes".

Díez identifica, a priori, tres: "La pandemia y el mismo tipo de medidas, como confinamiento y aislamiento social en base a tomas de decisiones que llevan a cabo las autoridades políticas en interrelación con expertos del ámbito científico"; "Problemas en la configuración de nuestros sistemas democráticos" y, en tercer lugar, "una fuerte brecha de legitimidad y desconfianza en las instituciones políticas y en los partidos políticos".

Además, el doctor en Sociología especializado en movimientos sociales globales sostiene que "vivimos en sociedades sometidas a altos grados de incertidumbre y de mayor complejidad en contraste con las certezas que representaban las las organizaciones e instituciones a través de las cuales se integraba la sociedad en el siglo XX: la ciencia, la familia, la clase sociales, el sistema educativo, la corporación o las organizaciones políticas y sindicales".

En España la mecha de las caceroladas se prendió hace dos semanas en la calle Núñez de Balboa, en el barrio de Salamanca de Madrid, pero en unos pocos días la ruidosa cita se ha extendido a otros distritos, municipios y capitales de provincias, como Zaragoza o Valencia. En todas se golpean cacerolas, se exhibe la bandera de España, algunas con simbología anticonstitucional, se pide a coro la dimisión del Gobierno y se grita: "libertad, libertad".

Las plazas de los pueblos, la sede del PSOE o domicilios particulares de miembros del Gobierno han sido los lugares elegidos para unas concentraciones lllevadas a cabo sin autorización oficial y en visible vulneración del obligado distanciamiento social mandato del estado de alarma.

Alentadas en mayor o menor medida por Vox y defendidas por el Partido Popular, en los últimos días se han reproducido enfrentamientos entre los que protagonizan caceroladas y radicales de izquierdas. Algunas organizaciones habían llamado a plantar cara a los intentos de extrema derecha por capitalizar la preocupación por los estragos económicos de la pandemia.

Según el sociólogo Rubén Diez, los que protestan con cacerolas "atribuyen la responsabilidad de la situación a los que gobiernan" mientras "otros grupos sociales contrarios atribuyen a los que protestan un comportamiento irresponsable. Al igual que los que protestan con caceroladas creen que fue una irresponsabilidad mantener las movilizaciones del 8-M y participar en ellas", en una visible contradicción.

Y agrega: "El concepto de cultura cívica gira en torno a la idea de ciudadanía que debe actuar de forma responsable, pero también demandar responsabilidad, cuando cree que las autoridades no actúan de forma responsable. Y como hay una gran desconfianza sobre las instituciones políticas todo esto se multiplica".

Este mismo jueves la Fiscalía del Tribunal Supremo ha señalado que el estado de alarma no basta para suspender el derecho de manifestación, sino que debe estudiarse cada caso y las condiciones actuales de la desescalada para comprobar si se pueden avalar las protestas garantizando de manera real y efectiva el respeto estricto a las medidas de prevención del riesgo de contagio.

El fin de semana hubo concentraciones en Berlín, Munich, Stuttgart y Munich contra las medidas restrictivas, precisamente en el momento en el que se empiezan a aflojar, según constatan los corresponsales. Las marchas las protagonizaron grupos contrarios a las restricciones, defensores de teorías de la conspiración, antivacunas y ultraderechistas. En Francfort les salieron al paso de los ultraderechistas un par de centenares de personas al grito de "nazis fuera".

En Alemania, las protestas de unos y otros empezaron en abril con actos mínimos -hasta 20 participantes-. Con la relajación de las restricciones al derecho de reunión se autorizaron concentraciones de 50 personas en Berlín y de hasta 5.000 en Stuttgart, aunque bajo la prerrogativa de guardar las distancias entre los congregados.

En las marchas se ha observado una creciente presencia de ultraderechistas, mezclados con "conspiracionistas" e individuos que ven en la pandemia una maniobra del millonario estadounidense Bill Gates para hacerse con la vacuna y dominar el mundo. La canciller Angela Merkel era hasta ahora el enemigo número uno de la ultraderecha alemana, que adoptó como eslogan de campaña la frase "Merkel muss weg" -"Merkel debe irse"-.

Expertos alemanes en violencia de extrema derecha alertaron este martes sobre el potencial radicalizador de las protestas contra las medidas de confinamiento y distanciamiento social que se han repetido por todo el país. "La dinámica de caldeamiento ha sido muy rápida y en tan solo tres semanas han pasado de amenazas y conductas agresivas a los primeros actos violentos. Esto posibilita y hace temer nuevos brotes de radicalización de extrema derecha, " explicó a EFE el director Gideon Botsch, directos del Centro de Investigación Julius Gumbel.

La protestas están siendo protagonizadas por comerciantes y grupos de opositores contra las restricciones impuestas en Polonia para frenar el coronavirus y la última, el sábado, derivó en la detención de 380 personas.

Varios centenares de personas, en su mayoría empresarios o comerciantes, se congregaron en el centro de la capital polaca para protestar por las restricciones impuestas a la actividad pública. Allí se produjeron algunos tumultos y la policía recurrió a los gases lacrimógenos para dispersar a los presentes.

En Londres, capital de Reino Unido, el sábado un hermano del líder laborista Jeremy Corbyn fue detenido junto con otra decena de manifestantes por protestar contra "el recorte de libertades de la gestión del coronavirus".

Piers Corbyn defendió ante quienes grababan su detención que los ciudadanos estaban siendo "engañados por un grupo de científicos y por los gobiernos del mundo" con el coronavirus. En la concentración se dieron cita un centenar de seguidores de las teorías de la conspiración y del movimiento antivacunas, entre gritos de "libertad" y "las vacunas no son necesarias".

La reapertura de las economías en algunos estados de EE UU en plena pandemia ha estado precedida por protestas de sus residentes que exigían poner fin a la cuarentena para volver a trabajar y ganar dinero para alimentar a sus familias y pagar sus cuentas.

Algunas protestas han dado la vuelta al mundo, como la de las decenas de individuos armados que entraron al Parlamento de Michigan.

Para algunos observadores, las imágenes de gente armada en un Capitolio eran un inquietante símbolo de las crecientes tensiones en una nación que está atravesando una crisis. Otros vieron evidencias de parcialidad racial en la forma en la que la policía trató a los manifestantes. Para algunos políticos, fueron nuevas evidencias del riesgo de alinearse con un movimientos con vínculos claros con grupos de extrema derecha.

En California también hubo protestas y multas a quienes participaron frente al Capitolio por vulnerar el confinamiento. Mientras que en Nueva York quienes protestaron, pese a hacerlo con mascarilla y separados por dos metros, fueron arrestados y multados. "Aunque respetamos el derecho a la protesta, no debe haberlas en medio de una pandemia", aseguró el jefe policial de Nueva York.

En Toronto, Canadá, cuando empiezan a relajarse las restricciones, también se ha vivido la mayor protesta contra el confinamiento este fin de semana. Unas 500 personas protestaron por la gestión de la pandemia.

Corresponsales de la agencia EFE señalan que la lucha ciudadana contra la desigualdad social y económica que estalló en Chile en octubre del pasado año, con constantes protestas y episodios de violencia, amenaza con despertar del letargo en el que quedó sumida desde la llegada del coronavirus, reclamando ahora ayuda para poder comer.

EL primer aviso lo dieron este lunes los vecinos de la localidad de El Bosque, en la periferia sur de Santiago, donde el desempleo, el hacinamiento y la pobreza acechan todavía con más dureza en tiempos de Covid-19, y que salieron a la calle a protestar contra el "hambre y la miseria", motivando la intervención de la policía y reavivando escenas propias del estallido social del año pasado.

"No es contra la cuarentena, es contra el hambre", declaró una de las personas que se manifestó en El Bosque.

El Sonido de las cacerolas se empezó a escuchar también en la noche del lunes en algunos barrios de la capital chilena para reclamar al Gobierno de Chile ayudas ante la crisis social que acompaña a la pandemia del coronavirus.

Y por redes sociales circuló una convocatoria a hacer sonar las cacerolas contra el "hambre y la miseria", que fue secundada por algunos vecinos.

En Bolivia, las restricciones contra la propagación del coronavirus son motivo de tensión en la ciudad central de Cochabamba, donde un grupo de vecinos marchó este miércoles y otro mantiene bloqueado el ingreso a un basurero para exigir el fin de la cuarentena. Los manifestantes aseguraron a los medios que ya no tienen forma de alimentar a sus familias, por lo que demandan que se flexibilice la cuarentena en esta ciudad.


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