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Cómo terminé en televisión y haciendo charlas en vivo ¡todo en una semana!

24/10/2018 08:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Foto cortesía de Juan Carlos Lopez Lo sé, ni yo misma me lo creo.

Uno cree, en particular los que somos introvertidos, que hacer cosas de este estilo son impensables, son tan impensables que ni remotamente lo hubiera considerado hace un año, ni si quiera si el mismo Rasputín me hubiera aparecido a los pies de la cama y me hubiera vaticinado con voz misteriosa: "Ay señora Usted está destinada a hablar en público delante de un gentío".

Pero eso, precisamente, es lo que pasa cuando te dices a ti misma que ya está bueno de dejar pasar las oportunidades, de decirte que "nooo yoooo nuuuncaa ¿cómo se les ocurre que yo voy a salir a pararme delante de un gentío a decir algo, a decir quee??"

Hice un ejercicio a principios de año, consistía en realizar una serie de acciones de la mano de Laura Ribas y entre ellas estaba la de escoger una palabra que nos definiría y nos acompañaría por un año. La palabra había que anotarla en un papel y colocarla en un lugar visible. Esta es la palabra que elegí y me ha acompañado todo este año, la mantengo pegada a mi monitor y la estoy viendo mientras escribo este post:

Gracias a ella he buscado ayuda con asuntos legales que me quitaban el sueño, he ido a entrevistas de trabajo cuando pensaba que seguramente sería rechazada de plano, he aceptado trabajos en empresas haciendo cosas que desconocía del todo y con la misma valentía he renunciado tres meses después para dedicarme a mi negocio propio. He dejado de decir que no a propuestas de colaboración cuando estaba segura de que metería la pata y de que el trabajo estaba muy por encima de mis capacidades, he tomado el control de mi salud y he podido durar más de dos semanas en el gimnasio.

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He sido capaz de pedir ayuda,

y también de mostrarme vulnerable ante otros.

He decidido darle la espalda a esa voz interior que tengo en la cabeza que me repite una y otra vez que no puedo, que no sirvo, que no sé.

He recibido una llamada de Belén como diciendo: "¿quieres venir a la fiesta del amigo de un amigo?" y yo, por primera vez en la vida: "¡vamos pues!" y ella: "es este domingo", y yo: "ok", y de pronto me veo maquillada como muñeca de torta sonriéndole a una caja de lata y haciendo rolls de canela con las manos temblorosas.

Y así fue como terminé en un programa de televisión.

Pero un par de meses antes, como quien no quiere la cosa, me llamaron de AVECOFA para preguntarme si deseaba dar una charla sobre fotografía de alimentos, y yo: "¡claro!" y ella: "es el 19 de octubre" y yo: "ok", y luego me pasé la semana anterior en un frenesí loco haciendo una presentación, editando y creando videos, seleccionando fotos de mi portafolio, sacando estadísticas relacionadas con comida y redes sociales, investigando sobre la historia de la fotografía de alimentos, visitando páginas de fotógrafos de alimentos, analizando las últimas tendencias sobre este tipo de fotografía...

Y así fue como también terminé hablando sobre fotografía de alimentos ante un grupo de gente simpática el viernes pasado en la Mega sala digital de Movistar.

Y aunque ambas cosas resultaron diferentes a lo que yo esperaba, también he tenido la valentía de aceptar que no soy perfecta y de entender que en realidad nadie espera que lo sea, que las cosas se salen de control y fallan (el estilista de alimentos con el que iba a colaborar no se presentó, la presentación no se veía en la proporción correcta, se me olvidó llevar agua para la masa de cinnamon rolls...), que no debo esperar a que todo salga perfecto, porque de hecho, nunca sale perfecto, pero también me he permitido no molestarme por eso, no sentirme frustrada, ni contrariada, ni decepcionada de mi misma, como suele ocurrirme, y he decidido hacer algo que se dice muy fácil pero que cuesta un mundo: disfrutar de la experiencia y aprender de mis errores.

Y eso, también es valentía.

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Sobre esta noticia

Autor:
Elgatogoloso (149 noticias)
Fuente:
elgatogoloso.com
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